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    El Sexódromo. El trabajo sexual que ejercen los varones carga con menos estigmas que el protagonizado por mujeres. A ellos pocas veces se les dice “prostitutos”; son gigolós, escorts, taxi-boys o chichifos.

    México.- El lunes pasado tuve la oportunidad de platicar, en La Noche W (el programa de radio donde colaboro), con el productor Epigmenio Ibarra. Centramos nuestra conversación en la serie Las Aparicio —su más reciente proyecto televisivo— y, particularmente, en el negocio de una de las protagonistas: Alma Aparicio. Interpretada por la guapa Gabriela de la Garza, esta empresaria es dueña del exclusivo Centro Cultural El Atelier, un lugar donde mujeres de buena posición económica pueden acceder a cursos que las capacitan en estudios de género de una manera libre, didáctica, que incluye temas relacionados con su derecho al placer, al amor. Lo que pocos saben es que, además, El Atelier funciona como un centro de escorts masculinos. Ahí, Alma capacita (bastante bien) a unos cuantos muchachones de buenos bigotes para que brinden placer a las clientas. La Aparicio les enseña las artes de la seducción, de la paciencia, los anima a entender los deseos femeninos (tan diversos como mujeres hay en el planeta) y a excitar a sus acompañantes con base en ello; les da a conocer técnicas para encontrar los puntos de placer, las formas de iniciar el escarceo erótico y cómo cumplir sus fantasías. En pocas palabras, los educa para comprender lo que ellas quieren.
    El personaje me gusta (más aún porque tiene una hija que defiende el celibato), aunque le comenté a Epigmenio que no estaba de acuerdo con que las clientas de El Atelier fueran todas mujeres casadas, frustradas, con maridos infieles. Mujeres que, a mi parecer, lo que buscaban antes que nada era una revancha contra la indiferencia e infidelidad de sus compañeros. “Me queda claro que las hay, y muchas, pero también creo que existen mujeres solteras, con vida sexual medianamente activa, que de pronto no tienen tiempo para ligar o tener una pareja estable, pero no quieren perderse de las mieles del deseo, por lo que contemplan como una buena posibilidad el contratar un escort para vivir una noche de placer”, le dije.
    Ibarra estuvo de acuerdo conmigo y hasta me prometió que en una semana habrá algunos cambios en ese sentido.
    Esa noche también le conté que, por más que busqué a través de internet y con algunos contactos, no encontré ningún espacio semejante a El Atelier. Vaya, ni siquiera una empresa de escorts en la red dedicada exclusivamente a ellas. Coincidimos en que lo más cercano era esa leyenda urbana (la llamo así porque nunca ubiqué a alguien que me dijera que lo hacía o lo había probado) del “súper”, la cual versa sobre que en algunos supermercados (en Polanco y Tecamachalco) las amas de casa llegan con su lista de compra y se la entregan a alguien del local para que la surta mientras ellas se van con jóvenes sexoservidores que las agasajan en algún departamento u hotel cercano. Al cabo de dos horas, regresan a sus hogares cansadísimas por la dura tarea de comprar víveres (sobre todo en el área de carnisalchichonería).
    Hasta un par de días después de mi conversación con el equipo de La Noche W y Epigmenio Ibarra, me acordé del libro La escuela del amor, novela escrita por la pedagoga mexicana Beatriz Escalante, a quien entrevisté el año pasado. Una de sus protagonistas abre, justamente, una escuela en donde se enseña el arte y la ciencia de enamorarse, seducir, elegir pareja, tener diversas técnicas para besar y demás. Además, atiende una empresa de acompañantes románticos en donde alquila “compañía masculina” (¿les suena a la anécdota de Las Aparicio?). No ofrecen sexo, sino que son hombres agradables, cultos, buenos conversadores, galantes que romancean con las clientas.
    Si bien la versión de Beatriz es más romántica, lo cierto es que el trabajo sexual que ejercen los varones carga con menos estigmas que el protagonizado por mujeres. A ellos pocas veces se les dice “prostitutos”; son gigolós, escorts —“acompañantes”—, taxi-boys, en el caso de que sus clientes sean hombres, o ya en un plan más cacofónico, chichifos. Estos últimos suelen salir a la calle (la Zona Rosa es su cancha oficial), pero cuando se trata de buscar clientela femenina o de ambos sexos, internet es su mejor aliado. Por ello, no es común que tengan un proxeneta al cual darle razón de sus actos y es raro el tráfico de hombres.
    Durante tres días estuve buscando en la red algún negocito similar al de la serie de Epigmenio, pero no encontré ninguno. Sí hay agencias de escorts masculinos, pero homosexuales. Por ejemplo, en www.sexyservidores.com hay una docena de chicos a disposición que se muestran en fotografías que no dejan nada a la imaginación. Sus descripciones son de este tipo: “Estudiante universitario, amigable, educado, dotado. Para primerizos, todas las edades y medidas bienvenidas. También doy excelentes masajes sensuales y terapéuticos. Discreción garantizada”.
    En www.sexychicosmexicanos.com, dicen contar “con una selección exclusiva de portafolios sobre escorts hombres en México, DF, y en cada rincón de este país. Disfrútalos, están al alcance de todas, también contamos con servicios de stripper y chippendales para despedidas de soltera”. Sin embargo, no pude acceder a las carpetas con fotografías y definitivamente no me pareció que ofrecieran algo más que el “a lo que te truje Chencha y a pagar”.
    Lo que sí encontré fueron anuncios personales como el siguiente: “Masajes eróticos para mujeres. Les garantizo que no se van a arrepentir, soy abogado, de 28 años, alto, delgado, buen cuerpo, buena presencia, absoluta discreción e higiene” (bueno, al menos podría ayudarles a tramitar un divorcio exprés).
    Otro, que se hace llamar Isidro, se dice especializado en “mujeres maduras. Sé hacerlas vibrar de principio a fin. Es masaje, relación oral o vaginal, lo que ustedes pidan. Hasta puede ser gratis el servicio”.
    También se dice que algunas agencias de “modelos” en realidad sirven para establecer contactos carnales. Se les hace una carpeta de fotos, estudios médicos, se analizan sus gustos y se les busca clientas. Los prostitutos deben entregar a la agencia un porcentaje que, en promedio, va de 25 a 33 por ciento. Otra modalidad son los servicios de los camwhores, individuos que ofrecen sus servicios a través de una webcam a cambio de dinero o bienes.
    Un estudio realizado por el Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México, dado a conocer en septiembre de 2009, revela que Tijuana, Puerto Vallarta, Veracruz, Cancún, Acapulco, Distrito Federal, Puebla y Zipolite están entre los principales puntos del país donde se ejerce la prostitución masculina.
    La investigación reveló que la mayoría de estos hombres son menores de 30 años, provienen de estratos socieconómicos bajos, cuentan con poca formación académica y han hallado en esa actividad un medio de sobrevivencia ante la falta de oportunidades de desarrollo. Sin embargo, se enfoca en el turismo sexual, donde abundan los taxi boys más que los escorts para mujeres.
    Es decir que las vacas están flacas en el sexoservicio enfocado en las representantes del sexo femenino. Eso nos lleva a analizar el fenómeno desde el punto de vista de su sentir con respecto a la “compra de sexo”, de su capacidad para conseguir amantes sin necesidad de pagar, de sus valores o creencias, sus expectativas y deseos. Pero ése será tema para una futura columna. Por mientras, ¡abramos el debate en el correo electrónico! Hasta la próxima.


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    Respuesta: Los escorts masculinos

    Originalmente publicado por Tranceup Ver Mensaje
    El Sexódromo. El trabajo sexual que ejercen los varones carga con menos estigmas que el protagonizado por mujeres. A ellos pocas veces se les dice “prostitutos”; son gigolós, escorts, taxi-boys o chichifos.

    México.- El lunes pasado tuve la oportunidad de platicar, en La Noche W (el programa de radio donde colaboro), con el productor Epigmenio Ibarra. Centramos nuestra conversación en la serie Las Aparicio —su más reciente proyecto televisivo— y, particularmente, en el negocio de una de las protagonistas: Alma Aparicio. Interpretada por la guapa Gabriela de la Garza, esta empresaria es dueña del exclusivo Centro Cultural El Atelier, un lugar donde mujeres de buena posición económica pueden acceder a cursos que las capacitan en estudios de género de una manera libre, didáctica, que incluye temas relacionados con su derecho al placer, al amor. Lo que pocos saben es que, además, El Atelier funciona como un centro de escorts masculinos. Ahí, Alma capacita (bastante bien) a unos cuantos muchachones de buenos bigotes para que brinden placer a las clientas. La Aparicio les enseña las artes de la seducción, de la paciencia, los anima a entender los deseos femeninos (tan diversos como mujeres hay en el planeta) y a excitar a sus acompañantes con base en ello; les da a conocer técnicas para encontrar los puntos de placer, las formas de iniciar el escarceo erótico y cómo cumplir sus fantasías. En pocas palabras, los educa para comprender lo que ellas quieren.
    El personaje me gusta (más aún porque tiene una hija que defiende el celibato), aunque le comenté a Epigmenio que no estaba de acuerdo con que las clientas de El Atelier fueran todas mujeres casadas, frustradas, con maridos infieles. Mujeres que, a mi parecer, lo que buscaban antes que nada era una revancha contra la indiferencia e infidelidad de sus compañeros. “Me queda claro que las hay, y muchas, pero también creo que existen mujeres solteras, con vida sexual medianamente activa, que de pronto no tienen tiempo para ligar o tener una pareja estable, pero no quieren perderse de las mieles del deseo, por lo que contemplan como una buena posibilidad el contratar un escort para vivir una noche de placer”, le dije.
    Ibarra estuvo de acuerdo conmigo y hasta me prometió que en una semana habrá algunos cambios en ese sentido.
    Esa noche también le conté que, por más que busqué a través de internet y con algunos contactos, no encontré ningún espacio semejante a El Atelier. Vaya, ni siquiera una empresa de escorts en la red dedicada exclusivamente a ellas. Coincidimos en que lo más cercano era esa leyenda urbana (la llamo así porque nunca ubiqué a alguien que me dijera que lo hacía o lo había probado) del “súper”, la cual versa sobre que en algunos supermercados (en Polanco y Tecamachalco) las amas de casa llegan con su lista de compra y se la entregan a alguien del local para que la surta mientras ellas se van con jóvenes sexoservidores que las agasajan en algún departamento u hotel cercano. Al cabo de dos horas, regresan a sus hogares cansadísimas por la dura tarea de comprar víveres (sobre todo en el área de carnisalchichonería).
    Hasta un par de días después de mi conversación con el equipo de La Noche W y Epigmenio Ibarra, me acordé del libro La escuela del amor, novela escrita por la pedagoga mexicana Beatriz Escalante, a quien entrevisté el año pasado. Una de sus protagonistas abre, justamente, una escuela en donde se enseña el arte y la ciencia de enamorarse, seducir, elegir pareja, tener diversas técnicas para besar y demás. Además, atiende una empresa de acompañantes románticos en donde alquila “compañía masculina” (¿les suena a la anécdota de Las Aparicio?). No ofrecen sexo, sino que son hombres agradables, cultos, buenos conversadores, galantes que romancean con las clientas.
    Si bien la versión de Beatriz es más romántica, lo cierto es que el trabajo sexual que ejercen los varones carga con menos estigmas que el protagonizado por mujeres. A ellos pocas veces se les dice “prostitutos”; son gigolós, escorts —“acompañantes”—, taxi-boys, en el caso de que sus clientes sean hombres, o ya en un plan más cacofónico, chichifos. Estos últimos suelen salir a la calle (la Zona Rosa es su cancha oficial), pero cuando se trata de buscar clientela femenina o de ambos sexos, internet es su mejor aliado. Por ello, no es común que tengan un proxeneta al cual darle razón de sus actos y es raro el tráfico de hombres.
    Durante tres días estuve buscando en la red algún negocito similar al de la serie de Epigmenio, pero no encontré ninguno. Sí hay agencias de escorts masculinos, pero homosexuales. Por ejemplo, en www.sexyservidores.com hay una docena de chicos a disposición que se muestran en fotografías que no dejan nada a la imaginación. Sus descripciones son de este tipo: “Estudiante universitario, amigable, educado, dotado. Para primerizos, todas las edades y medidas bienvenidas. También doy excelentes masajes sensuales y terapéuticos. Discreción garantizada”.
    En www.sexychicosmexicanos.com, dicen contar “con una selección exclusiva de portafolios sobre escorts hombres en México, DF, y en cada rincón de este país. Disfrútalos, están al alcance de todas, también contamos con servicios de stripper y chippendales para despedidas de soltera”. Sin embargo, no pude acceder a las carpetas con fotografías y definitivamente no me pareció que ofrecieran algo más que el “a lo que te truje Chencha y a pagar”.
    Lo que sí encontré fueron anuncios personales como el siguiente: “Masajes eróticos para mujeres. Les garantizo que no se van a arrepentir, soy abogado, de 28 años, alto, delgado, buen cuerpo, buena presencia, absoluta discreción e higiene” (bueno, al menos podría ayudarles a tramitar un divorcio exprés).
    Otro, que se hace llamar Isidro, se dice especializado en “mujeres maduras. Sé hacerlas vibrar de principio a fin. Es masaje, relación oral o vaginal, lo que ustedes pidan. Hasta puede ser gratis el servicio”.
    También se dice que algunas agencias de “modelos” en realidad sirven para establecer contactos carnales. Se les hace una carpeta de fotos, estudios médicos, se analizan sus gustos y se les busca clientas. Los prostitutos deben entregar a la agencia un porcentaje que, en promedio, va de 25 a 33 por ciento. Otra modalidad son los servicios de los camwhores, individuos que ofrecen sus servicios a través de una webcam a cambio de dinero o bienes.
    Un estudio realizado por el Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México, dado a conocer en septiembre de 2009, revela que Tijuana, Puerto Vallarta, Veracruz, Cancún, Acapulco, Distrito Federal, Puebla y Zipolite están entre los principales puntos del país donde se ejerce la prostitución masculina.
    La investigación reveló que la mayoría de estos hombres son menores de 30 años, provienen de estratos socieconómicos bajos, cuentan con poca formación académica y han hallado en esa actividad un medio de sobrevivencia ante la falta de oportunidades de desarrollo. Sin embargo, se enfoca en el turismo sexual, donde abundan los taxi boys más que los escorts para mujeres.
    Es decir que las vacas están flacas en el sexoservicio enfocado en las representantes del sexo femenino. Eso nos lleva a analizar el fenómeno desde el punto de vista de su sentir con respecto a la “compra de sexo”, de su capacidad para conseguir amantes sin necesidad de pagar, de sus valores o creencias, sus expectativas y deseos. Pero ése será tema para una futura columna. Por mientras, ¡abramos el debate en el correo electrónico! Hasta la próxima.


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    elsexodromo@hotmail.com
    Todos los taxi boys tienen la cola hecha...mierda. Ya que sus principales clientes son los hombres.

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