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Por la crisis, los santafesinos también ahorran en sexo pago

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    Las trabajadoras sexuales de la ciudad consultadas manifestaron que desde diciembre bajó la demanda entre un 30 y 40 por ciento. Los clientes, además, “pelean” el precio.



    Autor: Agenciafe · Fuente: Agenciafe/Diario UNO


    La crisis económica hace que muchos tengan que ajustarse el cinturón para llegar a fin de mes y eso, en algunos casos, también significa tener que dejar de gastar en algunos gustos. Diario UNO dialogó con varias trabajadoras sexuales que manifestaron que desde hace cinco meses se ve una baja en la cantidad de clientes y, como contrapartida, un aumento en el número de personas que se dedican a esa actividad.
    Danisa, una travesti de 26 años; Aldana, una meretriz de 27 años con tres hijos chicos; Carla, una madama de 30 años, y Nara, una travesti pasiva de 28, dialogaron con Diario UNO sobre las dificultades laborales que enfrentan como consecuencia de la crisis económica, el aumento de la oferta sexual en la ciudad, en especial de menores, y sobre cuáles son las características y gustos de los santafesinos que las contratan.
    Las cuatro trabajadoras sexuales promocionan sus servicios en los avisos clasificados de varios periódicos de la región y contaron que recurrieron a ese medio porque se cansaron de la inseguridad y las malas condiciones laborales que deben enfrentar en la calle.
    “Con la crisis bajó bastante la demanda, un 30 por ciento aproximadamente. Por eso tratamos de invertir mucho en publicar en los diarios para recuperar un poco más de dinero”, contó Carla.
    En ese sentido, Nara analizó: “Hay muchos que para el sexo no se privan de nada. Pero hay otros clientes que antes pagaban 300 pesos y ahora se quedan con un servicio de 100 pesos. No dejan de venir pero reducen los costos”.
    Por su parte, Aldana reconoció que “desde noviembre está bajando mucho la demanda” y que ella se mantiene con clientes fijos.
    Además las trabajadoras remarcaron que a principio de mes hay más trabajo y que hacia el final prácticamente es nulo. “Como la mayoría de mis clientes cobran jubilación, pensión o sueldo entonces el negocio se mueve del 5 al 18, después afloja mucho. Menos los domingos que decidí no trabajar, además baja mucho la clientela”, marcó Danisa.
    “Nosotros trabajamos de lunes a sábados desde las 8 hasta las 5. Y es relativo el tema de los horarios pico. Los fines de semana (jueves, viernes y sábado) hay más movimiento a la noche”, agregó Carla.
    Por otro lado, Nara –que tiene una clientela que va desde empresarios hasta obreros de la construcción– indicó que “a la siesta es cuando más se trabaja, muchos se escapan o vienen antes de irse a trabajar. Y los lunes se trabaja mucho”.
    Y, por último, Danisa sostuvo: “Los días de lluvia se trabaja muchísimo más que los días lindos. En general el horario de mayor trabajo es a la mañana. Es gente que entra o sale de trabajar, mayormente, desde las 3 a las 9. Después tengo a la noche, de 22 a 24. Pero también tengo clientes que son fijos”.

    Las leyes del mercado
    Como sucede con todas las actividades económicas, la puja entre oferta y demanda también determina los precios. Sin embargo, la postura de las trabajadoras no es unánime en ese sentido. Si bien destacaron que existen cada vez más personas que se dedican a la prostitución, se mostraron reacias a hablar de bajar los costos y señalaron que son las menores las que más “se regalan”.
    Por otro lado, con la apertura del casino muchos auguraron una aumento en la demanda de prostitución en la ciudad, ya que el juego generalmente se asocia a ese tipo de actividades. Consultada sobre si el mercado se vio modificado, Carla contestó: “La apertura del complejo del puerto trajo más clientes y más oferta. Pero, en realidad, a mí no me afectó en absoluto. Acá somos seis chicas y trabajamos todas bien. Además ahora estoy por abrir otro lugar, así que no me puedo quejar”.
    “Yo tenía la tarifa más baja y tuve que subirla porque aumentaron el alquiler, los comestibles y todo”, indicó Aldana. Y añadió: “Pero veo que hay chicas que sí bajaron bastante la tarifa. Sin embargo, si se sigue por ese camino, esas chicas no van a poder mantener a sus familias”.
    A lo que Danisa agregó: “Hay muchas chicas en la calle, una gran cantidad de menores. Pasa que muchas chicas no valoran su cuerpo”.
    En ese sentido, continuó: “En Santa Fe, por ejemplo, un travesti está cobrando más que una mujer y es una cuestión de que las mujeres no se hacen valorar”.

    Entre la calle y los clasificados
    Existe una variedad de posibilidades para contratar meretrices y travestis. Por un lado, como los santafesinos habrán notado, son cada vez más las que se ofrecen en diferentes esquinas del centro, la zona de la terminal y la Recoleta.
    Pero además hay un rubro especial en los clasificados de todos los diarios del país y también se incrementó la cantidad de portales de internet donde se pueden ver hasta fotos de las escorts con sus medidas y números de teléfono.
    Las mujeres que dialogaron con Diario UNO dejaron en claro que el trabajo en la calle es mucho más peligroso, pero indicaron que, generalmente, allí se inician.
    “Empecé trabajando en la calle. Antes de sacar clasificados en los diarios, hice shows y trabajé en varios boliches y cabarets de chicas. Después me dediqué más al tema del diario, me insistieron en que publique y lo hice”, explicó Danisa.
    Y continuó: “El tema de la clientela en la calle es horrible. Porque te encontrás con cada uno... hay gente mayor, jóvenes que vienen de jugar al fútbol o de trabajar, lo tenés que hacer en el auto. Es horrible”.
    A partir de que empezó a publicar en los diarios, decidió dedicarse sólo a hotel o a domicilio. “También pasa que hay algunos que te toman el pelo y otros que se portan rebien. La mayoría de las veces que te llaman por teléfono son bromas de menores, que te joden”, contó.
    Por su parte, Carla dijo que trabaja sólo por teléfono y por internet. “También estuve en la calle, pero prefiero trabajar en mi departamento por la comodidad, porque la plata es la misma que gano y porque no me tengo que exponer tanto”.
    En ese sentido, Nara indicó: “Ahora trabajo sólo por teléfono pero empecé en la calle. Trabajé mucho para conseguir lo que tengo, ahora estoy en mi propio departamento y pago seguridad”.

    Medidas de seguridad
    La ola de robos y violaciones también hizo que, quienes tuvieron la posibilidad, se resguardaran en lugares más protegidos. También muchos buscan a un amigo de confianza, un remisero o un portero que esté atento y al que le pagan para eso.
    “La calle la dejé por la inseguridad. Mi clientela prefiere hoteles muy reservados, la mayoría me pide venir a mi departamento, pero con el tema de la inseguridad tampoco da. Yo sí voy al departamento del cliente, pero porque tengo una persona de mucha confianza que es el que me lleva, me espera y me trae”, manifestó Danisa.
    Aldana, por otro lado, se maneja en hotel o a domicilio. “Para tener seguridad me manejo con una persona de confianza que me acompaña y me espera”, señaló.
    Carla, que atiende en su propio departamento (en el que trabajan otras seis chicas), espera que el cliente se identifique, lo espera y lo va espiando desde que llega al edificio. “Tenemos un portero en el edificio que sabe lo que hacemos y le tiramos una moneda para que esté atento”, comentó además.

    De clientes y placeres
    En el sexo, como en todos los aspectos de la vida, la variedad es lo que predomina. Danisa, Aldana, Carla y Nara contaron a Diario UNO cómo es la clientela que manejan y cuáles son las preferencias y los gustos.
    Una de las primeras decisiones, en el caso de los hombres, es: mujer o travesti. Allí las opciones se dividen mientras que Danisa tiene una clientela de solteros, separados y viudos; Nara cuenta que recibe a varios hombres casados. Por su parte, Aldana trabaja sólo con hombres y muchas veces debe oficiar de psicóloga, pero Carla recibe a hombres, mujeres y parejas por igual que le piden cumplir fantasías.
    Según Danisa, sus clientes dicen que prefieren travestis “porque la mujer es más fría, y el travesti es más cariñoso en la cama. Además están algunos que tienen una parte homosexual y les gusta que lo penetren o que lo manoseen”.
    Por su parte, Nara remarcó: “Tengo una clientela variada, desde ejecutivos a gente que ves que viene con ropa de obra. En este trabajo no hay algo específico, viene el que quiere gastar plata”. Ella deja en claro que es pasiva y que sólo penetra con juguetes sexuales.
    Y siguió: “Mis clientes dicen que los travestis brindan mejor servicio que las mujeres. Muchos piden usar juguetes sexuales”.
    Por otro lado, Carla contó que tiene una clientela de posición “buena para arriba y es gente de más de 30 años. La mayoría son todos casados, vienen de trampa y no dan demasiados datos. Hablando te cuentan que están cansados de que la mujer no le haga esto o lo otro o de que no lo escuche y que sólo le grite y reproche. Hay muchos que no vienen sólo por el sexo sino porque necesitan que lo escuchen, hacen una especie de terapia, te piden mimos”.
    “Yo atiendo sólo a hombres, en general tienen todos más de 30 años. Muchos son separados”, contó Aldana y siguió: “Mis clientes buscan compañía, que los escuchen, me usan como psicóloga muchas veces. Me cuentan que tienen presiones familiares, engaños o que sus mujeres no les prestan atención. Y en la cama me piden caricias, que los haga sentir bien. Mayormente piden más caricias, necesitan alguna expresión de cariño”.

    Las fantasías
    En cuanto a los requerimientos sobre el servicio, Carla comentó que en la cama hay diferentes clases de cosas. “Tenés el cliente que te pide sexo oral y normal, pero hay personas que le gustan otras cosas, que son bisexuales o buscan tríos. Se ve mucho de todo”, indicó.
    Y continuó: “Lo que más te piden, en general, es el beso negro. Pero cuando llega una pareja se busca que se atienda mejor a ella que a él. Son muy pocas las parejas que vienen a experimentar acá por primera vez, generalmente es la pareja gatera la que nos busca. Pero siempre el hombre busca que su mujer sea la que quede más satisfecha. Además los clientes piden cada vez más juguetes sexuales. Te lo piden para usar en mí y en él, pero también hay una demanda grande por parte de las mujeres”.
    Nara, por otro lado, tiene una política clara. “Los clientes pueden pedir muchas cosas pero una da lo que se paga. Querer, quieren hacer todo, pero es según la plata que tengan. Pero es verdad que es una fantasía de los hombres estar con el tercer sexo”.

    El precio del servicio
    Hay tanta variedad de tarifas como de trabajadoras sexuales. Hay quienes cobran por servicio, otros por hora y otros adicionales por actividades especiales. Si bien muchos cobran por hora, la mayoría reconoce que es muy raro que un hombre se quede cumpliendo horario. “Quieren que los atiendas bien y rápido, después se van”, comentaron.
    Danisa, por ejemplo, dijo que ella tiene entre 10 y 15 clientes en un buen día y que cobra 150 pesos la hora. Aldana cobra lo mismo pero remarca que “la mayoría de los clientes se queda media hora o 15 minutos, pero me pagan el total. Yo por día estoy haciendo alrededor de 800 pesos”.
    Carla y sus compañeras tienen varias tarifas. “Empezamos con un piso de 80 pesos que es sólo sexo oral, después 120 pesos el convencional y después hay tarifas especiales con aparatos que ronda los 170 pesos, la atención a parejas está 300 pesos y lo mismo te sale, como mínimo, que te atiendan dos chicas. Pero todo depende, se conversa con el cliente a veces se le baja y otras se les sube. Vos lo ves y sabés cuánto le podés sacar”, indicó la madama.
    Y remarcó: “El hombre siempre está apurado, no se queda mucho tiempo, busca un buen servicio y rápido. Ronda los 20 minutos o la media hora. Si pide una sesión de masajes, se queda una hora tipo relax. Pero es muy raro que el tipo se quiera quedar mucho tiempo en una casa. Por muy buena que sea la atención, el tipo termina lo suyo y quiere irse. Si yo pasé un servicio de una hora y él se quiere ir antes tiene que pagar completo”.
    Al respecto Nara dijo, otra vez, que ella vende servicios. “Yo empiezo con un mínimo de 50 pesos, hay tarifas de 100 pesos, de 200 si quieren hacer todo; y 300 si es por tiempo. Un servicio puede durar de cinco a 15 o 20 minutos, si es más de eso ya no me gusta”.

    De trampa
    Las meretrices también relataron qué justificativos ponen los hombres casados o en pareja que llegan a sus habitaciones. Si bien algunos optan por no hablar del tema directamente, otros intentan justificar su engaño por actitudes que tienen de sus esposas en el hogar.
    “El hombre casado justifica en cualquier horario, dice que va a la estación de servicio a cargar nafta, o va a comprar puchos, o va a la casa del hermano, o dice que se le pinchó la rueda. Por eso no hay un horario específico en los hombres casados”, manifestó Carla.
    Y agregó, en cuanto a las edades de sus clientes, que “no vienen tipos tan viejos, hay unos cuarentones relindos. A veces cae algún tipo de 60 años que te hace un protocolo de que quiere estar tranquilo, que no quiere que lo corran de la pieza”.
    Por su parte, Nara sostuvo que “hay gente que llega acá y es rehipócrita porque lo llama la mujer y dicen «te amo, te amo» mientras se están desvistiendo. Muchos de los que vienen son casados pero no soy de preguntar mucho. A la gente le gusta la discreción en esto”.

    Fuente: http://www.agenciafe.com
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