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No todas las putas van al cielo

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  • No todas las putas van al cielo

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    1 Pájara que abre sus alas piojosas o deseadas
    la puta habita el hoyo de la noche.
    Bajo la pública luz del farol
    o soterrada entre los escondrijos del deseo
    es a un tiempo pulpa derramada o llaga proscrita.
    Allí ha estado siempre/ desde el origen del mundo acaso
    ejecutando su acto de hábil circense traga-hombres
    abriéndose y cerrándose como una necesaria flor carnívora.
    Guatemalteca
    nórdica o senegalesa
    enana peluda
    silueta al mejor estilo Pompeya o Roma imperial
    su único y gran amor es el billete.



    2
    Roñosa diosa de los acantilados del Mezquital
    circúlame en tu cola de escorpión sagrado.
    El veneno díscolo de tu carne trémula atízame.
    Fabulosa hembra que habitas los pudrideros del mundo
    revuélcame en tu vulva que bien baila
    al son del burro y la mariguana.
    Con tus ubres ubérrimas y amantes
    del gorrión y la salamandra calcíname.
    Échate pues a mi lado. No digas nada
    y tan sólo róeme despacito el hueso púrpura del alma.
    No
    no
    así no. Sí

    así sí.
    Canta primero
    llora después
    o haz lo que putas quieras
    pero ven pronto a hervirte sobre mi olla de esperma.
    No
    no
    así no. Sí

    así sí.
    Animala entre todas las animalas de la noche
    pon tu mano en mi frente
    y ayúdame a vivir en el desamparo de la carne con sida.
    (Te veo luego en la sopa del infierno).



    3
    Acaso ser puta sea algo así como la festividad del desconsuelo, éxtasis agazapado que no cesa de manar una lágrima seminal. (Rosa negra y vúlvica que florece en los páramos de la muerte, mariposa de la carne que anida y revolotea en los coágulos de la sangre).
    Más que fiesta, borrachera de los sentidos. Turbia, viscosa y acaso sombría borrachera. O más que borrachera, perenne resaca a secas. Ingreso, de tajo y al borde de alguna madrugada arenosa y afónica, a un mundo donde idéntico aroma posee el rocío y el reptil, el pétalo y la menstruación.
    Es como si de pronto, por razones impuestas, se te obligara a ver el mundo horizontalmente. Horizontalidad crasa y cruda y además con un peso extra encima. Eso es el oficio. Te bañás, te arreglás, salís y, plaz, un bulto callejero que cae, hurga, te penetra y te obliga a alterar la ruta de los ojos en cualquier colchón mullido o mugroso. Arriba, abajo, a los lados, girando, inmóviles, entrecerrados, leyendo la Extra, hojeando Vanidades, en fin, según el ritmo, la dirección, la velocidad que disponga el instinto. Es decir, el instinto del precio, siempre el precio, claro está.
    Pero he ahí que también llega la muerte deslizándose en el filo de un cuchillo delirante, en la ajada máscara de algún demente nocturno e impune. Porque he aquí que de pronto, por el sortilegio del cine, la industria en serie o la globalización, Guatemala, esa cagada de mosca casi invisible en la vitrina del mundo, aporta por estos días su cuota de animalidad universal, su racimo de odio al concierto mundial del crimen.
    Ha ocurrido así cualquier noche de cualquier día: aparente encuentro fortuito entre un hombre y una puta, preguntas y respuestas, rápidas pero profesionalmente lascivas, cruce de alientos como humaredas, siseo instintivo como de serpientes en celo. Luego el precio, siempre el precio, el portero, la habitación, el papel higiénico, la palangana.
    No se sabe después qué ocurre adentro.
    De la cuchillada, sí, que acaba certeramente con la vida de ella, del líquido hirviente escurriendo por entre los dedos de él, sólo cabe imaginarlo. "Así morirán todas las putas. Ya va una", escribirá a golpes de sangre y sobre la espalda de la mujer el asesino. Dicha inscripción siniestra se repetirá una y otra vez hasta llegar a cinco. Curiosamente tristes y desnudos, los cadáveres serán expuestos escénica y públicamente por la autoridad como piezas de carnicería.
    Ciertamente del hombre, ni señas.
    De modo que en los apacibles primeros meses del 2001 hay zozobra, desbandada, miradas de recelo, merma de ingresos en la, digamos, alegre ciudadela de las putas. ¿Alegre? Bueno, es un decir. (Rosa negra y vúlvica que florece en los páramos de la muerte, mariposa de la carne que anida y revolotea en los coágulos de la sangre).



    4
    Vi tanga de la Yesenia
    Una noche de plenilunio recién venido de México

    Buscaba yo la ruta del rock underground
    Que desde Boca del Monte llevaba a los Álamos
    En efecto allí estaba no la Yesenia sino el musicón
    Radio Juventud se llamaba
    Como Radio Rebelde emitía desde la clandestinidad
    Todo en verdad por esos días (1978) buscaba ya su reducto su sálvese quien pueda
    El canto los escarabajos el amor las piedras los hombres los amaneceres
    Pues de pronto los gruesos goterones de sangre y demás
    Pues de pronto los decapitados pájaros negros y demás
    La utopía en fin pero el horror también

    Salí de la radio moteado más bien babélico o babilónico
    Con brebajes aptos para criaturas del medievo en la mochila
    A mitad del camino el putero Noches de San Francisco
    Como la rola de Eric Burdon y los Animales me esperaba
    A pocos metros de mi bragueta
    El Edén de la carne El Dorado de los espejos el perfume los agujeros

    Matrix recargada vampira de tarantino
    La Yesenia y su tanga ondulaban vulvantemente a mitad de la noche fría
    ¿A cómo la carne? - pregunté
    ¿Para llevar o para comer en casa?- contestó
    Para naufragar en el más unigénito cartílago-poeticé
    Bienvenido al Club de los Estertores Insatisfechos -susurró

    Sumergíme en la mar ramera
    De aquella tanga lépera caliente y desvergonzada

    Durante varias lunas y varios soles
    Comí tanga dormí tanga sudé tanga bailé tanga

    No canto
    Señores la hoz para soñar antaño
    Con tanquetas y banderas inclinándose a nuestro paso
    Canto hogaño
    Tanga de la Yesenia invisible casi como luna turca
    Espumeante como hocico de fiera
    Como la muerte digamos a manos de la mara salvatrucha
    La vida también como la vida cuando hilillo caíase de sus nalgas
    y cataclismos catástrofes azotaban amainaban a mitad de la noche fría

    Tengo un tango para la tanga de la Yesenia.


    5
    The murder of crazy Jane
    Eso dijo Inés
    que pasó el lunes lamiendo el pez vela que amainó en su pubis a mitad del alba:
    La Loca Juana no cedió a sus cuchillos
    sino a las bramas que anidaban en la marea estruendosa de sus tetas.

    Una noche antes bailó
    con 6 faunos monstruosos, cierto, pero apenas besó a 2:
    Un albino profesor de Harvard con acento escuintleco
    y un diputado cojo argelino que viajaría a Júpiter en la Niña o en la Santa María.

    (La Esfinge quiso que un tango triste sonara más triste de lo habitual
    en una escala de do wagneriana).

    Los gansos, pavorreales y guacamayas, al fondo, se cagaban todos de hastío.
    La NASA reportó ese día huelgas glaciales procedentes de Chile.
    Chávez dijo que la ONU no servía ni para limpiarse el culo.
    Fidel testiculó contra un foco de hip hop que estalló en Camagüey.
    El Gallito derramó megacoca en lata
    con edecanes, marimba y playeras de Mariocos Band.

    Con una rosa blanca en mi boxer negro y el mástil resoplando
    como un animal trasatlántico y nupcial, ingresé al bar a eso de las 10: 15 p.m.
    Aniceto Molina tocaba un vallenato bajito y vallejiano
    y sus músicos rumiaban crack
    en un aire de anémonas, ratas, amoníaco y condones.

    (Ah, los condones-dixit Freud-que abonan
    de esperma los páramos de la neurosis).

    El mundo solo por el cielo solo, como en la poesía del andaluz,
    en el Bar Coco Loco.

    Sola igual La Loca Juana, su fluoxetina
    y dos putas que bajaban y subían por el tubo de la barra
    como en los círculos de Dante.
    Desde un boquete de Pavoncito
    Jehová veía sin saber quién era Magda o Magdalena.

    Justo allí aullé: No ven cabrones que la vida se aleja y nos deja llorando quimeras.
    Y se hizo el caos.
    La serpiente mordió la banana republic
    y la carne estalló en esquirlas de neblina y concupiscencia.
    Una botella de ron se montó lujuriosa sobre un habano
    y vomitó horas más tarde, en un remoto mar dorado,
    un enjambre de pelos erectos de un cazador del neolítico.
    Todos y todas como en Pompeya
    se dieron a coger bajo un aguacero de eyaculaciones de uranio.

    Sola La Loca Juana y el mundo solo por el cielo solo.
    Y yo.

    Entonces La Loca Juana,
    como quien no desea desear el deseo,
    dio contra mí y me huracanó de pronto
    por entre sus muslos como una gótica murciélaga en brama.
    No sé si fue un vals, un rap, un punk:
    en la oleada de planeta que remontó una última imagen-salmón hasta mi pupila
    juro haber visto bailar a Cavafis de cachetío con Maximón.

    (Lobo contra loba no da lobeznos. Se sabe. Medialunas contra mediosoles sí:
    logaritmos y ecuaciones. Nunca décimas ni redondillas.
    Levité en los 3 agujeros + negros y + feos por ignotos y barbáricos: los de Juana de Arco, Juana de Asbaje y Juana la gongorina, vendedora desde Tebas al Mississipi, de frascos frescos para ebrios que con su baba se los beben, hacen gala de su gula y tretas de sus tratos*).

    O sea: perdí la razón.
    Desnudo desperté en alguna niebla
    cuyo traje púrpura y evanescente era el de una reina asesina
    o el de una rosa locutora que en el idioma de Ali Farka Toure
    voceaba mi conversión al terrorismo maya-quiché.

    Un cocodrilo lunar sobrevolaba el área de copulaciones.
    A mi lado La Loca Juana dormía o moría.
    El falo de Alejandría le atravesaba mortalmente el corazón.

    Domingo 2. p. m. marcó a esa hora la aguja funeraria.
    20 minutos después dejé el antro y dio inicio,
    con perros de caza, halcones y ballesteros,
    la cacería más larga de la historia animal
    contra un hombre solo bajo el cielo solo.

    Juro no haber matado a La Loca Juana:
    mi certificado médico, extendido hace 15 años por el doctor J. A. Jiménez,
    diagnostica impotencia crónica.

    Mientras tanto
    el albino profesor de Harvard desayuna en Malasia
    con una joven maquilera de largo pelo lacio.
    El diputado cojo argelino cruza el Estrecho de Behring
    en busca de párvulas bocas y verdes ojos claros que le enseñen a amar.



    6
    No más peras al olmo:
    Al diablo démosle lo que pide:
    Un verduguillo de Góngora para puyar a Quevedo
    Una consigna de Hitler para gasear el Pentágono
    Una canción de Metallica para el dolor de cabeza
    Un retacito de Dios para asarlo un domingo de ramos.
    Un ramillete de putas para teorizar según el Poder de Foucault.



    7
    Ronda la noche en bares
    cuerva endemoniada muele/rebana borrachos
    asedia de cuajo castas vacilaciones
    deposita deseos en la bienaventuranza de un catre giratorio
    se arremolina
    devora pecadores
    los hace florecer en pétalos de lascivia ignota y bailadora.

    No atina no escatima la noche.
    Criatura mal nacida
    bebe del hocico de la muerte
    se chupa solita las arrugas de la desgracia.
    Oleaje va y viene acarreando billetes y todos contentos en la noche de los bares
    (¿Eres tú hoy a quien machaqué los voraces peces ayer?).
    El pino/ la rosa de los excesos
    el manojo de ajos como ojos
    el cubetazo de xilca
    la rocola rocolera
    el maximón de los desamparados.

    El bar Amapola
    señores
    exige labios hasta agotar existencias
    saluda y festeja al tigre que busca refugio
    en la ladera de un clítoris ígneo y despiadado.
    Favor presentarse desnudo con el corazón enhiesto.



    (*) Paráfrasis de una paronomasia culterana.
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  • #2
    Respuesta: No todas las putas van al cielo

    es-pec-ta-cular! quièn es el/los autores?

    Comentario

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