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Sexo: entre la liberación y la inhibición

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    Más desprejuiciada y flexible, abierta a la experimentación y a la búsqueda sin tabúes del placer, la sexualidad de los argentinos es reflejo de una sociedad en que las mujeres ganaron protagonismo y hay una mayor tolerancia frente a la diversidad. Pero en la que persisten fobias y obsesiones, y es frecuente la falta de deseo
    Por Laura Di Marco para LA NACION

    Pablo tiene 40 años; Florencia, 37. Llevan siete años de matrimonio, tienen dos hijos chiquitos y una agenda agitada: él está haciendo un posgrado para poder acceder a un puesto mejor; ella es abogada, tiene un trabajo estresante y, además, se pasa varias horas en el gimnasio para mantenerse en forma. Los dos sostienen la crianza de sus hijos. Resultado: por las noches, agotados, sólo piensan en dormir. En su semana no queda lugar -o queda muy poco- para el placer. Y esto no le ocurre sólo a ellos: la falta de deseo sexual es, según las estadísticas, el principal motivo de consulta en las parejas de clase media argentina.

    * * *
    La reunión comenzó, puntualmente, a las 17, en un departamento de Barrio Norte. Pero no se trataba de un té común: siete amigas, de entre 45 y 50 años, habían sido invitadas por la dueña y allí estaban, eufóricas, hablando todas al mismo tiempo y haciendo chistes sexuales. Se notaba en el aire que algo estaba por suceder. Y sucedió: de pronto entró la promotora Claudia Arias con una maleta de juegos eróticos, cremas saborizadas, lencería y disfraces de leopardo, dispuesta no sólo a vender, sino también a explicar usos y funciones, como si fuera un taller sexual. En realidad, era un encuentro femenino de Tupper-Sex , un negocio que en el país explotó en 2006 y que tiene un formato similar a las reuniones que se hacían veinte años atrás, para vender tuppe-rs de cocina. Claro que hoy estas mujeres no preguntan por la cocina sino por el placer.
    La promotora extrae de su kit un pequeño delfín, que en realidad es un vibrador.
    -¿Cuánto sale?, pregunta la dueña de casa, divertida.
    -250 pesos, es uno de los más sofisticados: viene con una crema de chocolate y pinceles.
    La consigna de la línea erótica es: ningún adulto sin su juguete. Apunta, justamente, al hecho de que el gran cambio en las prácticas sexuales de los últimos tiempos está impulsado por la enorme transformación cultural que tuvo -en todos los ordenes y también en este- el papel de las mujeres.

    * * *
    Enero en Punta del Este. El sexólogo Adrián Sapetti se pasea por la playa y de pronto se le acerca un conocido, un joven de unos 30 años.
    -Discúlpeme, sé que está de vacaciones y no quisiera molestarlo, pero me gustaría hacerle una consulta, ya que estamos...
    -Dale, preguntá..., lo alienta el médico, resignado.
    -Resulta que quiero hacerme una operación de elongación peneana, porque me siento mal con ese tema. Estuve averiguando y me cuesta 7500 pesos, ¿qué le parece?
    Es que, en la lógica del mercado y del consumo como valor, la seducción se compra y también la autoestima, lo que desnuda una de las grandes obsesiones argentinas: la necesidad de agradar a los demás, también en el terreno de la intimidad.

    * * *
    ¿Cómo es hoy el sexo de los argentinos? ¿Cómo se lo practica y qué dice esto de nosotros? ¿Se puede hablar de una cultura sexual argentina? ¿De qué manera afectó nuestra intimidad la crisis de 2001? ¿Y qué quedó de los setenta, aquella década bisagra, marcada por la revolución sexual y sus consignas de amor libre?
    Los cambios culturales que se están produciendo en el país son tan profundos que están impulsando un renovado interés académico en el estudio de la sexualidad, desde disciplinas como la antropología, la medicina, la historia, la sociología... El Instituto de Investigación Gino Germani, de la Universidad de Buenos Aires, cuenta con un área de estudios sobre sexualidades, donde se formó un equipo especializado de sociólogos. La Facultad de Medicina incorporó el año pasado la sexualidad como materia. Y también lo hizo el Instituto de Investigaciones sobre Género, en la Facultad de Filosofía de la UBA.
    Desde estas diversas disciplinas, los expertos coinciden en que el cambio más significativo que experimentó la sociedad argentina en los últimos años radica en la flexibilización y en la apertura en la sexualidad, expresada en la caída de viejos tabúes e impulsada, básicamente, por el cambio en el rol social de las mujeres.
    Afirmadas en su nuevo papel de consumidoras y con una autonomía económica, la nueva independencia de las mujeres argentinas de clase media se expresa, también, en el terreno de su vida sexual. El hecho de que, más allá de la reproducción, las mujeres se hayan hecho cargo de su sexualidad y esa área ocupe hoy una parte central en sus vidas constituye uno de los ejes de esta revolución cultural silenciosa, con un fuerte impacto en los hombres.
    El mercado parece haber advertido el nacimiento de estas nuevas consumidoras, y por eso sale a ofrecer productos novedosos: las reuniones de tuppersex a domicilio son escenas que hubieran sido impensables apenas quince años atrás. También los talleres sexuales y de erotismo reflejan estos intereses femeninos en auge.
    Algunos laboratorios están elaborando productos, con hormonas, similares al Viagra pero dirigidos al mercado femenino. "Las mujeres no tienen educación para el placer, pero quieren adquirirla: esta inquietud surge en todas las reuniones", explica Claudia Arias, de la firma de tuppersex Maleta Extasy.
    Esta flexibilidad también se expresa en una mayor aceptación de prácticas sexuales variadas, como en el sexo "express", tanto para hombres como para mujeres.
    En términos culturales, este cambio puede traducirse como la caída del tabú que imponía a las mujeres tener sexo sólo por amor o en el marco de una relación estable. "Algunos dinosaurios quedan todavía -señala el sexólogo Adrián Sapetti, presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana-, pero ya nadie hoy liga a una mujer con la prostitución por tener relaciones sexuales casuales, en paridad con los derechos de un hombre."
    Así, con lo bueno y con lo malo, las mujeres también han comprado el ideario cultural masculino del touch and go (relación sexual casual), un término casi deportivo que hoy también es legitimado por ellas. "Así, el hecho de que los hombres crean que todas las mujeres quieren casarse también hoy resulta un nuevo mito", alerta Sapetti.
    La palabra clave aquí es "paridad", entendida como el permiso para ejercer los mismos derechos sexuales. Pero además, en las últimas décadas, se impuso un discurso de mayor tolerancia hacia la diversidad sexual, en todas sus variantes, lo que a su vez se tradujo en leyes, como por ejemplo la Unión Civil para los homosexuales. Las minorías sexuales en la Argentina se hicieron más visibles, y mejoraron su situación jurídica.
    Claro que esta mayor tolerancia cultural parece reconocer ciertos límites, tanto geográficos como económicos. La filósofa Diana Maffía, experta en cuestiones de género y legisladora por la Coalición Cívica, lo explica así: "Es una diversidad que puede consumir y que está impulsada más por el mercado económico que por la cultura o la política. Se ofrecen desde hoteles de lujo para gays con poder adquisitivo hasta circuitos especiales. Es decir, por ahora, la diversidad está asociada a la capacidad de consumo".
    Los permisos sociales también dan luz verde a dos valores eróticos centrales para la clase media: la experimentación y lo que se conoce como la sofisticación del placer.
    "Quizá hoy la novedad sea que, antes que cualquier otra práctica, es la ausencia de sexo lo que está peor visto", observa el sociólogo Mario Pecheny, docente e investigador de la UBA y el CONICET.
    Claro que estos valores conviven con el aburrimiento y la falta de deseo, principal causa en las consultas de parejas y matrimonios de clase media, según las estadísticas que maneja la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (Sash).
    A la cama con la crisis ¿Las causas? Son varias, pero la preocupación por el dinero es, sin duda, un motivo central, que impacta de lleno en la cama de los argentinos. No parece un hecho menor, en un país acostumbrado a vivir de crisis en crisis.
    Economía y sexo van de la mano en la Argentina, en una conexión bastante poco romántica. En su lenguaje lacaniano, el psicoanalista Sergio Rodríguez, fundador de la revista Psyché , ensaya una hipótesis: "la producción de dinero es el valor fálico central de esta sociedad, en un país en el que es relativamente fácil, para la clase media, generar plata, tanto como perderla. De ahí que, cuando el castillo de naipes se cae, en donde primero repercute es en la sexualidad".
    Por un lado, las crisis económicas constantes y la incertidumbre laboral, que absorben energía mental. Y por el otro, encadenada a esta incertidumbre, las exigencias que trae la carrera por el progreso social y material. Es decir, muchas horas de trabajo, cursos de entrenamiento, másters, posgrados, gimnasio...
    "El cerebro es el principal órgano sexual: allí es donde se construye el deseo -dice la sexóloga Diana Resnicoff, también de Sash-. Y si está ocupado constantemente con otras cosas y otras preocupaciones, como en el disco rígido, no hay allí espacio para el placer".
    Pero en la sexualidad de los varones argentinos no sólo acecha la amenaza del desempleo, sino también la desjerarquización laboral. "Que un hombre baje escalones, como pasa en las crisis, y pase de ser jefe a pinche, o que lo congelen en su puesto, repercute directamente en su potencia sexual. El fantasma de ser loosers [perdedores] los acecha todo el tiempo a los varones argentinos."
    En los sectores populares, la sexualidad -y sus preocupaciones- es muy diferente. "La gente pobre no está preocupada por la falta de placer, sino por disfuncionalidades orgánicas. Las preocupaciones son más básicas", afirma Rodríguez, que ha trabajado y entrevistado familias en las villas porteñas.

    * * *
    Como tantas otras noches, la pantalla argentina muestra un desfile hot en un canal abierto. El conductor está desaforado mientras describe el pasaje de chicas exuberantes que lucen sus colas y lolas ante los ojos del país. El locutor grita, está eufórico. Su trou pe se ríe, le festeja los chistes, cada vez más sexistas. Mientras él habla, una chica está dando una clase de sexo oral por tevé, con un corcho y una copa. Es la misma que, un par de meses atrás, había actuado un orgasmo en cámara.
    Claro que, mientras los medios bombardean la pantalla con sexo a toda hora, y cuando potencialmente cualquiera puede tener una relación sexual ocasional con sólo salir a la calle o con una rápida búsqueda en Internet, lo que sucede en la realidad es muy distinto: la cama de los argentinos está plagada de fobias y fantasmas. Y, como dicen los protagonistas en las consultas con especialistas, también de aburrimiento por la rutina.
    Contra lo que podría suponerse, la saturación de la pantalla con un sexo cada vez más explícito no ayuda a mejorar las cosas, sino todo lo contrario. Sergio Rodríguez es lapidario cuando sostiene que la televisión arrasó con la sexualidad.
    En la misma línea opina la psicóloga Inés Olivero, coordinadora de grupos mixtos a los que acuden parejas para buscar respuestas a su insatisfacción. "Es que para que haya necesidad, primero tiene que haber carencia y misterio. ¿Y qué misterio va a haber si está todo expuesto? Por eso, las prohibiciones al sexo que imponía la religión funcionaron siempre como grandes afrodisíacos. La verdad es que tanto la prohibición como el exceso forman parte de un mismo fenómeno: la inhibición de la vida sexual", señaló.

    * * *
    César D entra a una farmacia sin receta. Se acaba de separar y para aquella noche arregló una salida con una mujer. Se siente inseguro, tiene 50 años y decide llevar una pastilla estimuladora a la cita, para sentirse mejor. Por las dudas. Conoce al farmacéutico, que finalmente le termina vendiendo un potenciador sexual, a pesar de que ningún médico se lo recetó.
    -Estoy con poca plata; no sé, dame una que no sea muy cara.
    -Hay de todos los precios, esta te sale cinco pesos.
    Tal como sucede con los celulares, el mercado de los potenciadores eróticos parece haber creado un producto para cada clase social. De hecho, los laboratorios fabricaron sildenafil económico. Hay pastillas por 5 pesos, mientras otras, como el Viagra, destinados a la clase media y alta, cuesta 20.
    El mercado del Viagra -o los potenciadores eróticos- está en constante crecimiento, lo que indica, si lo vemos por el lado bueno, que los argentinos buscan defender con todos los medios su vida erótica, a pesar del malestar y las crisis. En 2008 se vendieron unas 3.500.000 cajas de sildenafil, una droga sexual que salió al mercado en 2001 y cuyas ventas no pararon de crecer desde entonces. Si en 2001 competían siete laboratorios por la fabricación de la droga, hoy lo hacen 40, en un mercado que claramente se multiplicó.
    Una curiosidad, que pinta un cuadro cultural certero: un laboratorio admitió que una clave para destrabar las ventas de su marca fue armar la estrategia de marketing del producto por la vía positiva en lugar de venderlo como una droga contra la impotencia, una palabra que espanta al varón argentino, conectándolo con sus miedos más profundos. Cuando dijeron que, en realidad, se trataba de un potenciador para la sexualidad, las ventas se dispararon. El macho argentino no admitiría jamás una debilidad en este terreno. Sobre todo por el temor a la mirada ajena.
    "Que nuestro valor esté puesto afuera, en lugar de en el interior de nuestro ser, significa que nuestra prioridad es agradar a los demás", observa Olivero. Y añade: "El problema es que si no nos sentimos satisfechos y nos vemos atractivos a nuestros propios ojos, ¿a quién le vamos a vender nuestro atractivo? Entonces nos disfrazamos, para salir a competir al mercado, y finalmente nos terminamos sintiendo falsos e insatisfechos".
    Freud dividía la sexualidad en dos áreas: la de la realización concreta, y la de la sublimación. Creía que ambas expresiones eran necesarias para desarrollar una vida plena. La primera, no requiere explicación; la segunda, es la transformación de la energía erótica en creatividad, entendida en un sentido amplio. Creatividad para vivir.
    Así, agregaba, si sublimamos toda la energía sexual con la que contamos, empobrecemos la vida afectiva. Pero si en cambio la derrochamos por completo e indiscriminadamente en la sexualidad para descargar angustia y tensiones de la vida cotidiana, como habitualmente ocurre, privamos de alimento vital a nuestra creatividad. Y no hace más que ahondarse el vacío y el aburrimiento.
    De alguna manera pareciera como si Freud estuviese hablando del sexo de los argentinos.
    © LA NACION

    Las fobias y la sexualidad idealizada

    La disfunción eréctil y los problemas de eyaculación precoz, la mayoría de las veces causados por la ansiedad, son las dos principales preocupaciones masculinas en relación con su sexualidad, según estadísticas proporcionadas por la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (Sash). En el caso de las mujeres, en cambio, la disfuncionalidad central es la ausencia de orgasmo (anorgasmia), total o parcial, y la falta de deseo.
    Esto último tiene explicación. La entrada masiva de las mujeres al mercado de trabajo, en una sociedad en la que aún no se democratizaron las responsabilidades familiares, que siguen recayendo centralmente sobre ellas, las múltiples exigencias del mundo femenino puede agotarlas y llevarlas a la disminución del deseo erótico. "Por otro lado, la sexualidad femenina es muy distinta a la masculina -recuerda la psicóloga Inés Olivero- El hombre puede llegar de la calle y querer tener sexo, y está todo bien. La mujer, no. Tiene que ser convocada para la sexualidad, y necesita de otro tiempo". Y ocurre muchas veces que ese tiempo está acotado por las exigencias de la vida diaria.
    Por otro lado, hay una sexualidad idealizada que difunde la televisión, y que genera inhibición y desgano, tanto en ellas como en ellos. En la comparación con los cuerpos bellos y perfectos de la pantalla, cualquiera sale perdiendo: el sostenimiento de la vida familiar, laboral y económica, con sus varios frentes que atender, vuelve imposible cultivar el cuerpo en el nivel de perfección que vemos en televisión.
    La fobia sexual Las fobias sexuales masculinas y femeninas ocupan el tercer puesto en el ranking. La fobia de los varones puede ser a la penetración y la de ellas, al semen o a tocar los genitales del varón. El retardo eyaculatorio y el complejo del pene pequeño ocupan el cuarto y quinto lugar entre las obsesiones del mundo masculino. En esta década, aseguran los especialistas, los argentinos estaban más preocupados por el tamaño de su pene que por el HIV, una preocupación típica de los 90. En realidad, el tamaño del pene es un mito, según los sexólogos, porque esto no influye en la calidad de la sexualidad. En todo caso, se trata de un mito que conserva su hechizo desde que existe la promesa -vía una operación problemática, hay que aclarar- de elongarlo.
    El vaginismo -contracción involuntaria de la vagina-, el coito doloroso y el matrimonio no consumado -imposibilidad de lograr la penetración, muchas veces por causas psicológicas- completan los problemas sexuales que originan las consultas femeninas.
    El último puesto, para los varones, lo ocupan la andropausia y las crisis de identidad sobre su sexualidad: es decir, no saber si les gustan los hombres o las mujeres.
    L. D. M.


    Fuente: http://www.lanacion.com.ar
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  • #2
    Respuesta: Sexo: entre la liberación y la inhibición

    Originalmente publicado por tranceup Ver Mensaje
    Más desprejuiciada y flexible, abierta a la experimentación y a la búsqueda sin tabúes del placer, la sexualidad de los argentinos es reflejo de una sociedad en que las mujeres ganaron protagonismo y hay una mayor tolerancia frente a la diversidad. Pero en la que persisten fobias y obsesiones, y es frecuente la falta de deseo
    Por Laura Di Marco para LA NACION

    Pablo tiene 40 años; Florencia, 37. Llevan siete años de matrimonio, tienen dos hijos chiquitos y una agenda agitada: él está haciendo un posgrado para poder acceder a un puesto mejor; ella es abogada, tiene un trabajo estresante y, además, se pasa varias horas en el gimnasio para mantenerse en forma. Los dos sostienen la crianza de sus hijos. Resultado: por las noches, agotados, sólo piensan en dormir. En su semana no queda lugar -o queda muy poco- para el placer. Y esto no le ocurre sólo a ellos: la falta de deseo sexual es, según las estadísticas, el principal motivo de consulta en las parejas de clase media argentina.

    * * *
    La reunión comenzó, puntualmente, a las 17, en un departamento de Barrio Norte. Pero no se trataba de un té común: siete amigas, de entre 45 y 50 años, habían sido invitadas por la dueña y allí estaban, eufóricas, hablando todas al mismo tiempo y haciendo chistes sexuales. Se notaba en el aire que algo estaba por suceder. Y sucedió: de pronto entró la promotora Claudia Arias con una maleta de juegos eróticos, cremas saborizadas, lencería y disfraces de leopardo, dispuesta no sólo a vender, sino también a explicar usos y funciones, como si fuera un taller sexual. En realidad, era un encuentro femenino de Tupper-Sex , un negocio que en el país explotó en 2006 y que tiene un formato similar a las reuniones que se hacían veinte años atrás, para vender tuppe-rs de cocina. Claro que hoy estas mujeres no preguntan por la cocina sino por el placer.
    La promotora extrae de su kit un pequeño delfín, que en realidad es un vibrador.
    -¿Cuánto sale?, pregunta la dueña de casa, divertida.
    -250 pesos, es uno de los más sofisticados: viene con una crema de chocolate y pinceles.
    La consigna de la línea erótica es: ningún adulto sin su juguete. Apunta, justamente, al hecho de que el gran cambio en las prácticas sexuales de los últimos tiempos está impulsado por la enorme transformación cultural que tuvo -en todos los ordenes y también en este- el papel de las mujeres.

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    Enero en Punta del Este. El sexólogo Adrián Sapetti se pasea por la playa y de pronto se le acerca un conocido, un joven de unos 30 años.
    -Discúlpeme, sé que está de vacaciones y no quisiera molestarlo, pero me gustaría hacerle una consulta, ya que estamos...
    -Dale, preguntá..., lo alienta el médico, resignado.
    -Resulta que quiero hacerme una operación de elongación peneana, porque me siento mal con ese tema. Estuve averiguando y me cuesta 7500 pesos, ¿qué le parece?
    Es que, en la lógica del mercado y del consumo como valor, la seducción se compra y también la autoestima, lo que desnuda una de las grandes obsesiones argentinas: la necesidad de agradar a los demás, también en el terreno de la intimidad.

    * * *
    ¿Cómo es hoy el sexo de los argentinos? ¿Cómo se lo practica y qué dice esto de nosotros? ¿Se puede hablar de una cultura sexual argentina? ¿De qué manera afectó nuestra intimidad la crisis de 2001? ¿Y qué quedó de los setenta, aquella década bisagra, marcada por la revolución sexual y sus consignas de amor libre?
    Los cambios culturales que se están produciendo en el país son tan profundos que están impulsando un renovado interés académico en el estudio de la sexualidad, desde disciplinas como la antropología, la medicina, la historia, la sociología... El Instituto de Investigación Gino Germani, de la Universidad de Buenos Aires, cuenta con un área de estudios sobre sexualidades, donde se formó un equipo especializado de sociólogos. La Facultad de Medicina incorporó el año pasado la sexualidad como materia. Y también lo hizo el Instituto de Investigaciones sobre Género, en la Facultad de Filosofía de la UBA.
    Desde estas diversas disciplinas, los expertos coinciden en que el cambio más significativo que experimentó la sociedad argentina en los últimos años radica en la flexibilización y en la apertura en la sexualidad, expresada en la caída de viejos tabúes e impulsada, básicamente, por el cambio en el rol social de las mujeres.
    Afirmadas en su nuevo papel de consumidoras y con una autonomía económica, la nueva independencia de las mujeres argentinas de clase media se expresa, también, en el terreno de su vida sexual. El hecho de que, más allá de la reproducción, las mujeres se hayan hecho cargo de su sexualidad y esa área ocupe hoy una parte central en sus vidas constituye uno de los ejes de esta revolución cultural silenciosa, con un fuerte impacto en los hombres.
    El mercado parece haber advertido el nacimiento de estas nuevas consumidoras, y por eso sale a ofrecer productos novedosos: las reuniones de tuppersex a domicilio son escenas que hubieran sido impensables apenas quince años atrás. También los talleres sexuales y de erotismo reflejan estos intereses femeninos en auge.
    Algunos laboratorios están elaborando productos, con hormonas, similares al Viagra pero dirigidos al mercado femenino. "Las mujeres no tienen educación para el placer, pero quieren adquirirla: esta inquietud surge en todas las reuniones", explica Claudia Arias, de la firma de tuppersex Maleta Extasy.
    Esta flexibilidad también se expresa en una mayor aceptación de prácticas sexuales variadas, como en el sexo "express", tanto para hombres como para mujeres.
    En términos culturales, este cambio puede traducirse como la caída del tabú que imponía a las mujeres tener sexo sólo por amor o en el marco de una relación estable. "Algunos dinosaurios quedan todavía -señala el sexólogo Adrián Sapetti, presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana-, pero ya nadie hoy liga a una mujer con la prostitución por tener relaciones sexuales casuales, en paridad con los derechos de un hombre."
    Así, con lo bueno y con lo malo, las mujeres también han comprado el ideario cultural masculino del touch and go (relación sexual casual), un término casi deportivo que hoy también es legitimado por ellas. "Así, el hecho de que los hombres crean que todas las mujeres quieren casarse también hoy resulta un nuevo mito", alerta Sapetti.
    La palabra clave aquí es "paridad", entendida como el permiso para ejercer los mismos derechos sexuales. Pero además, en las últimas décadas, se impuso un discurso de mayor tolerancia hacia la diversidad sexual, en todas sus variantes, lo que a su vez se tradujo en leyes, como por ejemplo la Unión Civil para los homosexuales. Las minorías sexuales en la Argentina se hicieron más visibles, y mejoraron su situación jurídica.
    Claro que esta mayor tolerancia cultural parece reconocer ciertos límites, tanto geográficos como económicos. La filósofa Diana Maffía, experta en cuestiones de género y legisladora por la Coalición Cívica, lo explica así: "Es una diversidad que puede consumir y que está impulsada más por el mercado económico que por la cultura o la política. Se ofrecen desde hoteles de lujo para gays con poder adquisitivo hasta circuitos especiales. Es decir, por ahora, la diversidad está asociada a la capacidad de consumo".
    Los permisos sociales también dan luz verde a dos valores eróticos centrales para la clase media: la experimentación y lo que se conoce como la sofisticación del placer.
    "Quizá hoy la novedad sea que, antes que cualquier otra práctica, es la ausencia de sexo lo que está peor visto", observa el sociólogo Mario Pecheny, docente e investigador de la UBA y el CONICET.
    Claro que estos valores conviven con el aburrimiento y la falta de deseo, principal causa en las consultas de parejas y matrimonios de clase media, según las estadísticas que maneja la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (Sash).
    A la cama con la crisis ¿Las causas? Son varias, pero la preocupación por el dinero es, sin duda, un motivo central, que impacta de lleno en la cama de los argentinos. No parece un hecho menor, en un país acostumbrado a vivir de crisis en crisis.
    Economía y sexo van de la mano en la Argentina, en una conexión bastante poco romántica. En su lenguaje lacaniano, el psicoanalista Sergio Rodríguez, fundador de la revista Psyché , ensaya una hipótesis: "la producción de dinero es el valor fálico central de esta sociedad, en un país en el que es relativamente fácil, para la clase media, generar plata, tanto como perderla. De ahí que, cuando el castillo de naipes se cae, en donde primero repercute es en la sexualidad".
    Por un lado, las crisis económicas constantes y la incertidumbre laboral, que absorben energía mental. Y por el otro, encadenada a esta incertidumbre, las exigencias que trae la carrera por el progreso social y material. Es decir, muchas horas de trabajo, cursos de entrenamiento, másters, posgrados, gimnasio...
    "El cerebro es el principal órgano sexual: allí es donde se construye el deseo -dice la sexóloga Diana Resnicoff, también de Sash-. Y si está ocupado constantemente con otras cosas y otras preocupaciones, como en el disco rígido, no hay allí espacio para el placer".
    Pero en la sexualidad de los varones argentinos no sólo acecha la amenaza del desempleo, sino también la desjerarquización laboral. "Que un hombre baje escalones, como pasa en las crisis, y pase de ser jefe a pinche, o que lo congelen en su puesto, repercute directamente en su potencia sexual. El fantasma de ser loosers [perdedores] los acecha todo el tiempo a los varones argentinos."
    En los sectores populares, la sexualidad -y sus preocupaciones- es muy diferente. "La gente pobre no está preocupada por la falta de placer, sino por disfuncionalidades orgánicas. Las preocupaciones son más básicas", afirma Rodríguez, que ha trabajado y entrevistado familias en las villas porteñas.

    * * *
    Como tantas otras noches, la pantalla argentina muestra un desfile hot en un canal abierto. El conductor está desaforado mientras describe el pasaje de chicas exuberantes que lucen sus colas y lolas ante los ojos del país. El locutor grita, está eufórico. Su trou pe se ríe, le festeja los chistes, cada vez más sexistas. Mientras él habla, una chica está dando una clase de sexo oral por tevé, con un corcho y una copa. Es la misma que, un par de meses atrás, había actuado un orgasmo en cámara.
    Claro que, mientras los medios bombardean la pantalla con sexo a toda hora, y cuando potencialmente cualquiera puede tener una relación sexual ocasional con sólo salir a la calle o con una rápida búsqueda en Internet, lo que sucede en la realidad es muy distinto: la cama de los argentinos está plagada de fobias y fantasmas. Y, como dicen los protagonistas en las consultas con especialistas, también de aburrimiento por la rutina.
    Contra lo que podría suponerse, la saturación de la pantalla con un sexo cada vez más explícito no ayuda a mejorar las cosas, sino todo lo contrario. Sergio Rodríguez es lapidario cuando sostiene que la televisión arrasó con la sexualidad.
    En la misma línea opina la psicóloga Inés Olivero, coordinadora de grupos mixtos a los que acuden parejas para buscar respuestas a su insatisfacción. "Es que para que haya necesidad, primero tiene que haber carencia y misterio. ¿Y qué misterio va a haber si está todo expuesto? Por eso, las prohibiciones al sexo que imponía la religión funcionaron siempre como grandes afrodisíacos. La verdad es que tanto la prohibición como el exceso forman parte de un mismo fenómeno: la inhibición de la vida sexual", señaló.

    * * *
    César D entra a una farmacia sin receta. Se acaba de separar y para aquella noche arregló una salida con una mujer. Se siente inseguro, tiene 50 años y decide llevar una pastilla estimuladora a la cita, para sentirse mejor. Por las dudas. Conoce al farmacéutico, que finalmente le termina vendiendo un potenciador sexual, a pesar de que ningún médico se lo recetó.
    -Estoy con poca plata; no sé, dame una que no sea muy cara.
    -Hay de todos los precios, esta te sale cinco pesos.
    Tal como sucede con los celulares, el mercado de los potenciadores eróticos parece haber creado un producto para cada clase social. De hecho, los laboratorios fabricaron sildenafil económico. Hay pastillas por 5 pesos, mientras otras, como el Viagra, destinados a la clase media y alta, cuesta 20.
    El mercado del Viagra -o los potenciadores eróticos- está en constante crecimiento, lo que indica, si lo vemos por el lado bueno, que los argentinos buscan defender con todos los medios su vida erótica, a pesar del malestar y las crisis. En 2008 se vendieron unas 3.500.000 cajas de sildenafil, una droga sexual que salió al mercado en 2001 y cuyas ventas no pararon de crecer desde entonces. Si en 2001 competían siete laboratorios por la fabricación de la droga, hoy lo hacen 40, en un mercado que claramente se multiplicó.
    Una curiosidad, que pinta un cuadro cultural certero: un laboratorio admitió que una clave para destrabar las ventas de su marca fue armar la estrategia de marketing del producto por la vía positiva en lugar de venderlo como una droga contra la impotencia, una palabra que espanta al varón argentino, conectándolo con sus miedos más profundos. Cuando dijeron que, en realidad, se trataba de un potenciador para la sexualidad, las ventas se dispararon. El macho argentino no admitiría jamás una debilidad en este terreno. Sobre todo por el temor a la mirada ajena.
    "Que nuestro valor esté puesto afuera, en lugar de en el interior de nuestro ser, significa que nuestra prioridad es agradar a los demás", observa Olivero. Y añade: "El problema es que si no nos sentimos satisfechos y nos vemos atractivos a nuestros propios ojos, ¿a quién le vamos a vender nuestro atractivo? Entonces nos disfrazamos, para salir a competir al mercado, y finalmente nos terminamos sintiendo falsos e insatisfechos".
    Freud dividía la sexualidad en dos áreas: la de la realización concreta, y la de la sublimación. Creía que ambas expresiones eran necesarias para desarrollar una vida plena. La primera, no requiere explicación; la segunda, es la transformación de la energía erótica en creatividad, entendida en un sentido amplio. Creatividad para vivir.
    Así, agregaba, si sublimamos toda la energía sexual con la que contamos, empobrecemos la vida afectiva. Pero si en cambio la derrochamos por completo e indiscriminadamente en la sexualidad para descargar angustia y tensiones de la vida cotidiana, como habitualmente ocurre, privamos de alimento vital a nuestra creatividad. Y no hace más que ahondarse el vacío y el aburrimiento.
    De alguna manera pareciera como si Freud estuviese hablando del sexo de los argentinos.
    © LA NACION

    Las fobias y la sexualidad idealizada

    La disfunción eréctil y los problemas de eyaculación precoz, la mayoría de las veces causados por la ansiedad, son las dos principales preocupaciones masculinas en relación con su sexualidad, según estadísticas proporcionadas por la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (Sash). En el caso de las mujeres, en cambio, la disfuncionalidad central es la ausencia de orgasmo (anorgasmia), total o parcial, y la falta de deseo.
    Esto último tiene explicación. La entrada masiva de las mujeres al mercado de trabajo, en una sociedad en la que aún no se democratizaron las responsabilidades familiares, que siguen recayendo centralmente sobre ellas, las múltiples exigencias del mundo femenino puede agotarlas y llevarlas a la disminución del deseo erótico. "Por otro lado, la sexualidad femenina es muy distinta a la masculina -recuerda la psicóloga Inés Olivero- El hombre puede llegar de la calle y querer tener sexo, y está todo bien. La mujer, no. Tiene que ser convocada para la sexualidad, y necesita de otro tiempo". Y ocurre muchas veces que ese tiempo está acotado por las exigencias de la vida diaria.
    Por otro lado, hay una sexualidad idealizada que difunde la televisión, y que genera inhibición y desgano, tanto en ellas como en ellos. En la comparación con los cuerpos bellos y perfectos de la pantalla, cualquiera sale perdiendo: el sostenimiento de la vida familiar, laboral y económica, con sus varios frentes que atender, vuelve imposible cultivar el cuerpo en el nivel de perfección que vemos en televisión.
    La fobia sexual Las fobias sexuales masculinas y femeninas ocupan el tercer puesto en el ranking. La fobia de los varones puede ser a la penetración y la de ellas, al semen o a tocar los genitales del varón. El retardo eyaculatorio y el complejo del pene pequeño ocupan el cuarto y quinto lugar entre las obsesiones del mundo masculino. En esta década, aseguran los especialistas, los argentinos estaban más preocupados por el tamaño de su pene que por el HIV, una preocupación típica de los 90. En realidad, el tamaño del pene es un mito, según los sexólogos, porque esto no influye en la calidad de la sexualidad. En todo caso, se trata de un mito que conserva su hechizo desde que existe la promesa -vía una operación problemática, hay que aclarar- de elongarlo.
    El vaginismo -contracción involuntaria de la vagina-, el coito doloroso y el matrimonio no consumado -imposibilidad de lograr la penetración, muchas veces por causas psicológicas- completan los problemas sexuales que originan las consultas femeninas.
    El último puesto, para los varones, lo ocupan la andropausia y las crisis de identidad sobre su sexualidad: es decir, no saber si les gustan los hombres o las mujeres.
    L. D. M.


    Fuente: http://www.lanacion.com.ar
    estuvo muy bueno asi se hace la calidad de un foro felicitciones sigan por ese camino

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