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    EMA DEL DOMINGO: LOS ECOS DE LA GUERRA FRIA


    Cercada por denuncias, la CIA desnudó sus secretos ilegales








    Espió a hippies, infiltró ilegalmente al movimiento pacifista, entrenó a militares extranjeros para eliminar a "izquierdistas" y usó agentes para ayudar a mafiosos. Lo revelan documentos divulgados esta semana.






    Mark Mazzetti y Tim Weiner. THE NEW YORK TIMES ESPECIAL PARA CLARIN






    Documentos confidenciales que se dieron a conocer el martes proporcionan nuevos detalles sobre las formas en que la Agencia Central de Inteligencia espiaba ilegalmente a los estadounidenses hace décadas, que incluyeron desde el intento de colocar micrófonos en un hotel de Las Vegas en busca de pruebas de infidelidad hasta la búsqueda de un especialista cerrajero para uno de los conspiradores del Caso Watergate.

    Las 702 páginas de documentación -que en la jerga de la agencia se conocen como "las joyas de la familia"- constituyen un catálogo de las operaciones internas de escucha, conspiraciones frustradas de asesinato, experimentos de control mental y espionaje a periodistas, de los primeros años de la CIA.

    Los papeles muestran pruebas sobre paranoia y ocasional incompetencia en momentos en que la agencia iniciaba una serie de operaciones ilegales de espionaje en los años 60 y 70, a menudo en busca de vínculos entre las protestas sociales de esa época con los gobiernos comunistas.

    Pero también es mucho lo que la documentación deja afuera. Hay extensas partes censuradas, y no se ofrecen detalles sobre muchas operaciones en el exterior que hace años ya revelaron periodistas, investigadores del Congreso y una comisión presidencial que en su momento dio lugar a reformas en las agencias de inteligencia nacionales.

    En una nota dirigida a los empleados de la CIA, su director, el general Michael Hayden, señaló que la divulgación de estos documentos forma parte del "contrato social" del organismo con la ciudadanía, "a los efectos de brindar a las personas que servimos un panorama de las complejidades de la inteligencia".

    Hayden comparó las actividades ilegales del pasado y la práctica actual de la CIA, en cuyo carácter legítimo insistió. Sin embargo, la agencia creada en 1947 es blanco de las críticas de quienes objetan las cárceles secretas y los interrogatorios apremiantes que adoptó a partir de los atentados del 11 de setiembre. Especialistas en inteligencia sugirieron que la apertura intentaba distraer a la opinión pública de la controversia actual, y manifestaron su decepción ante la fuerte censura sobre los documentos (la CIA había dicho que tenía que proteger sus "fuentes y métodos".)

    Tom Blanton, del Archivo de Seguridad Nacional -el grupo que en 1992 presentó el petitorio de Libertad de Información que derivó en la apertura de los documentos-, indicó que en un primer momento había minimizado la información porque contenía muy pocos datos sobre las operaciones de la agencia en el exterior, pero después le resultó sorprendente la magnitud del espionaje interno, lo que él llama la "imitación de la Stasi por parte de la CIA". "Leer esos memos es como sentarse en un confesionario y escuchar a una serie de ex altos funcionarios que dicen, 'Perdóneme, padre, porque he pecado'", declaró Blanton.

    Las actividades ilegales de la CIA se conocen desde hace algún tiempo. Pero el público nunca vio la mayor parte de los documentos, memos e informes de una agencia que guarda celosamente sus archivos y casi nunca permite que se examinen sus registros. La documentación proporciona sobre todo una historia oscura del clima, tanto en la CIA como en Washington, durante la Guerra Fría y la época de Vietnam, cuando el temor respecto de la amenaza soviética generó una cultura del ocultamiento en la agencia de espionaje.

    Algunos papeles brindan detalles de la burocracia: correspondencia sobre el reembolso de gastos de papelería, referencias a beneficios de seguros para Howard Hunt, el conspirador de Watergate, y un documento que hace referencia al "alto grado de resentimiento" de los funcionarios de la CIA que tenían que usar el pelo largo para pasar por hippies radicalizados a los efectos de infiltrarse en el movimiento pacifista local y de otros países.

    Parte del lenguaje de la documentación refleja la jerga lavada de los funcionarios: "acción de tipo gangsteril", por ejemplo, hace referencia a un plan para asesinar a Fidel Castro (ver El plan...).

    La investigación interna de la CIA sobre las operaciones secretas durante los primeros treinta años de la agencia comenzó en 1973 por orden de James Schlesinger, entonces director de inteligencia central. Schlesinger se indignó cuando supo que se habían llevado a cabo allanamientos en beneficio de la Casa Blanca de Nixon y ordenó que se realizara una investigación sobre operaciones al margen de la ley.

    Como la documentación se reunió mientras la investigación de Watergate cobraba fuerza, en la misma es palpable el temor de la agencia respecto del grado en que podría vinculársela a los delitos del gobierno de Nixon.

    Los memorándums internos detallan los contactos de la CIA con Hunt y James McCord Junior, un agente retirado que fue uno de los intrusos de Watergate. Uno, fechado en la primavera de 1972, tiene como encabezado "Hunt solicita un cerrajero". No se sabe qué cerradura trataba de abrir Hunt. Por lo general, los historiadores concluyeron que la CIA obedecía órdenes de la Casa Blanca o de altos funcionarios. En 1967, el presidente Lyndon Johnson estaba convencido de que los gobiernos comunistas financiaban el movimiento pacifista estadounidense, por lo que ordenó a la CIA comprobarlo.

    En sus memorias, el ex director de inteligencia Richard Helms señaló que Johnson le había dicho: "Quiero que usted siga este asunto y haga lo que sea necesario para identificar a los comunistas extranjeros que están detrás de esta intolerable interferencia en nuestros asuntos internos." Helms le habría respondido que la CIA no podía espiar a los estadounidenses, pero obedeció las órdenes del presidente.

    La CIA también llevó a cabo una operación de vigilancia nacional cuyo nombre cifrado era Caos, y que se desarrolló durante casi siete años en las presidencias de Johnson y Nixon. Helms creó una unidad de oficiales que se dejó el pelo largo, aprendió la jerga de la Nueva Izquierda y se dedicó a infiltrar grupos pacifistas en Estados Unidos y Europa. La agencia reunió 300.000 nombres de organizaciones y personas, así como extensos archivos sobre 7.200 ciudadanos.

    Los documentos que se dieron a conocer el martes brindan detalles. En uno se lee que la agencia "reclutó, probó y despachó" al exterior como agentes a "estadounidenses con credenciales extremistas". También utilizó a personas y empresas que tenían vínculos con los pacifistas y los envió a lugares tan dispares como París, Estocolmo, Ciudad de México, Ottawa y Hong Kong. Un documento, titulado "Apoyo extranjero a actividades destinadas a interrumpir u obstaculizar la Convención Nacional Republicana" en 1972, menciona a John Lennon, "un ciudadano británico", al que se describe por haber aportado dinero a un grupo de protesta.

    Entre los documentos hay una verdadera joya para los entusiastas de la CIA: un par de informes que llevan la firma de James Angleton, el legendario jefe de contrainteligencia que se desempeñó entre 1954 y 1974. Ambos hacen referencia a un programa estadounidense para crear y aprovechar fuerzas policiales extranjeras, servicios de seguridad interna y grupos de contraterrorismo en el exterior. Los papeles explican que la CIA y otras agencias estadounidenses entrenaron y equiparon a extranjeros para el servicio en sus países y, en secreto, en los Estados Unidos. Estos servicios podían contribuir a la política exterior norteamericana mediante la eliminación de comunistas e izquierdistas y la reunión de información para la CIA.

    Es evidente que los documentos se incluyeron en "las joyas de la familia" porque una parte del programa de abril de 1973 comprendía el entrenamiento de extranjeros por parte de la brigada de explosivos de la Policía del condado Dade, de Florida.

    Angleton, a quien se apartó de la agencia en 1974 luego de revelarse que había supervisado la apertura de correspondencia privada desde comienzos de los 50, dirigió el programa de entrenamiento en el exterior, mediante el cual se preparó a cientos de miles de policías y militares extranjeros en veinticinco países a principios de los años 60.

    Pone a la agencia en "terreno peligroso", declaró sobre estas actividades Robert Amory Junior, jefe de la junta de análisis de inteligencia de la CIA durante las presidencias de Dwight Eisenhower y John Kennedy. "Se puede llegar a tácticas del tipo de las de la Gestapo."

    Algunas anécdotas revelan el grado en que algunos agentes de la CIA se apartaron de la ley. En 1960 se detuvo a un técnico que trató de instalar un micrófono en una habitación de hotel de Las Vegas. La operación se había llevado a cabo por pedido de Sam Giancana, el mafioso de Chicago que en ese entonces colaboraba con la CIA en el plan para asesinar a Fidel Castro (ver página 37). A Giancana le preocupaba que su novia, la cantante Phyllis McGuire, tuviera un romance con el comediante Dan Rowan, entonces dispuso que se lo espiara para "determinar su grado de intimidad" con ella.

    Hay más. Un memo de mayo de 1973 detalla una operación de escucha de los llamados entre los Estados Unidos y América latina con el objeto de detectar tráfico de drogas. El seguimiento, que estuvo a cargo de una unidad de la CIA llamada División D, se interrumpió cuando el asesor general de la agencia dictaminó que violaba la carta del organismo y que "deben hacerlo organismos adecuados".

    Otras actividades, si bien legales, habrían resultado embarazosas de haberse conocido en su momento. Un documento revela que John McCone, director de inteligencia central durante la presidencia de Kennedy, autorizó a un avión de la Fuerza Aérea trasladar al magnate griego Aristóteles Onassis y a la soprano María Callas de Roma a Atenas, un favor que dio lugar a preguntas por parte de los medios.

    Los documentos se compilaron a principios de los años 70 y mantuvieron su carácter confidencial debido al temor de los directores de la CIA a que su exposición pública pudiera causar un daño indeleble a la reputación de la agencia o hasta derivar en su fin. "El efecto de una difusión de 'las joyas de la familia' podía, en el clima imperante en 1973, infligir una herida mortal a la CIA y privar al país de todo el bien que la agencia podía realizar en el futuro", escribió en sus memorias William Colby, un ex director de inteligencia central.

    Traducción de Joaquín Ibarburu


  • #2
    Re: Escandalos Imperiales

    Estimado, una vez mas, esto no es una pagina de noticias.
    cerramos.
    consultas por MP.
    toronja

    Comentario

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