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Textos de literatura fantástica

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  • Textos de literatura fantástica

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    Son las 9:14 de la mañana de un sábado, soy de hábitos nocturnos por que tanto me desperté a la tarde y sigo sin dormir, me pareció una buena idea subir algunos relatos cortos que espero les gusten, un abrazo.

    Fragmento de Don Juan Tenorio, acto III, autor: José Zorrilla:

    Don Juan.-¿Con qué por mí doblan?
    Estatua.-Sí
    Don Juan.-¿Y esos cantos funerales?
    Estatua.-Los salmos penitenciarios que están cantando por ti.
    Don Juan.-¿Y aquel entierro que pasa?
    Estatua.-Es el tuyo.
    Don Juan.-¡Muerto, yo!
    Estatua.-El capitán te mató a la puerta de tu casa.

    Sola y su alma, Thomas Bailey Adrich.
    Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: Todos los otros seres han muertos. Golpean la puerta.

    Ante la ley, Franz Kafka

    Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.
    -Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.
    La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:
    -Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.
    El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.
    Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:
    -Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.
    Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.
    -¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.
    -Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?
    El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:
    -Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

    La secta del loto blanco, Richard Wilhelm.

    Había una vez un hombre que pertenecía a la secta del Loto Blanco. Muchos, deseosos de dominar las artes tenebrosas, lo tomaban por maestro.
    Un día el mago quiso salir. Entonces colocó en el vestíbulo un tazón cubierto con otro tazón y ordenó a los discípulos que lo cuidaran. Les dijo que no descubrieran los tazones ni vieran lo que había adentro.
    Apenas se alejó, levantaron la tapa y vieron que en el tazón había agua pura, y en el agua un barquito de paja, con mástiles y velamen. Sorprendidos lo empujaron con el dedo. El barco se volcó. De prisa, lo enderezaron y volvieron a tapar el tazón.
    El mago apareció inmediatamente y les dijo:
    -¿Por qué me habéis desobedecido?
    Los discípulos se pusieron de pie y negaron. El mago declaró:
    -Mi nave ha zozobrado en el confín del Mar Amarillo.¿Cómo os atrevéis a engañarme?
    Una tarde, encendió en un rincón del patio una pequeña vela. Les ordenó que la cuidaran del viento. Había pasado la segunda vigilia y el mago no había vuelto. Cansados y soñolientos, los discípulos se acostaron y se durmieron. Al otro día la vela estaba apagada. La encendieron de nuevo.
    El mago apareció inmediatamente y les dijo:
    -¿Por qué me habéis desobedecido?
    Los discípulos negaron:
    -De veras no hemos dormido.¿Cómo iba a apagarse la luz?
    El mago les dijo:
    -Quince leguas erré en la oscuridad de los desiertos tibetanos, y ahora queréis engañarme.
    -Esto atemorizó a los discípulos.
    "Me ponen nervioso algunas respuestas de las mujeres. Me hacen pensar de qué hombre las han aprendido"

  • #2
    Re: Textos de literatura fantástica

    JaJaja, por favor dejalo :weedman: te va a matar

    Comentario


    • #3
      Re: Textos de literatura fantástica

      disculp&#225;.. pero... &#191;que deje qu&#233;?
      no entend&#237;
      "Me ponen nervioso algunas respuestas de las mujeres. Me hacen pensar de qué hombre las han aprendido"

      Comentario

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