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Con olor a tango...

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  • Con olor a tango...

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    Escort en Tribunales

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    La homosexualidad fue perseguida en Argentina de tres formas consecutivas: primero como pecado, luego como enfermedad y por último, como delito.
    Así lo afirma el escritor santafesino Osvaldo Bazán, quien ha abordado la más completa y documentada retrospectiva sobre la homosexualidad en el país del Río de la Plata.

    En su casi medio millar de páginas recoge muchos ejemplos de hombres 'malevos' -y de otros que no lo fueron-, renegados todos ellos en una sociedad pacata que, no sólo vivió a espaldas de esta realidad, sino que además procuró silenciarla y reprimirla hasta lo indecible.
    Historia de la Homosexualidad en la Argentina (Buenos Aires, 2004 y 2006) es una obra de Osvaldo Bazán, quien en clave de investigación periodística, pero con profundidad, ha logrado abarcar la memoria perdida de un pueblo, desde la conquista y la evangelización, pasando por los tiempos de clandestina ignorancia, el 'higienismo' de los intelectuales del siglo XIX, el peronismo y los gobiernos militaristas del siglo XX, y, por último, la restauración democrática, que desembocó en la aprobación de las uniones civiles para la región de Río Negro y la ciudad de Buenos Aires (2003).
    Un negro abanico en el que sólo las últimas varillas muestran su tono más alegre.


    Tras la conquista, las crónicas no esconden las muestras de represión a las que fueron sometidos los indígenas amerindios, víctimas propiciatorias del nuevo sistema, a quienes fácilmente se les acusaba de 'sodomía', cosa que servía de pretexto para el exterminio, aunque los motivos reales fueran otros. Además, la iglesia católica, sirviéndose del imperio español, extendió al pueblo amerindio su manera de entender la sexualidad, rompiendo los lazos que le unían a sus tradiciones más ancestrales. Cientos de estos hombres fueron expulsados de sus casas y sus templos y muchos otros, según testimonio de denuncia de Fray Bartolomé de las Casas, condenados a morir destrozados por perros de presa -como los que ajustició Vasco Núñez de Balboa, brutalmente inmortalizados en el célebre grabado de Théodore De Vry (1594)-, cuando no quemados vivos o en la horca.


    Esta actitud de condena y rechazo fue una constante en los siglos posteriores. A finales del XIX y durante todo el XX las cosas no cambian a mejor en la Argentina para los 'putos'.

    La homosexualidad deja de ser pecado para convertirse en una enfermedad a la que erradicar y, más adelante, un delito al que perseguir. Los gobiernos militares de corte nacionalista, católicos por descontado, alimentan esa misma mentalidad represiva hasta ocultar el hecho homosexual como algo inexistente en el país, algo que era preciso silenciar a toda costa y que ni siquiera aparece tipificado en el Código Penal. Habría que esperar a los años ochenta para que las cosas empezaran a mejorar, aunque -todo hay que decirlo- muy lentamente.


    El tango es un pensamiento triste que se baila. Así lo definió Enrique Santos Discépolo, uno de los más clásicos trovadores milongueros. La tristeza está, pues, en la esencia de esta mezcla de baile, música, poesía y sentimiento, que fue en su momento más un estilo de vida. En el tango subyacía originariamente un fenómeno de reflexión popular que supo traducirse para el emigrante arrabalero en una genuina expresión en jerga porteña -el 'lunfardo'- que habla del amor, la frustración, la vida y la muerte... y -¡cómo no!-también, más o menos encubiertamente, del sexo. Siendo el tango un hecho social y una manera de decir los sentimientos, nadie cuestiona hoy que también reflejaron los amores prohibidos, ¿y por qué no los amores homosexuales, siendo los más ocultos y prohibidos de entre todos ellos?.


    Algunos han querido ver guiños homoeróticos en las letras de algunos tangos, como los primeros de Gardel, compuestos por Andrés Cepeda, de quien se sabe que era homosexual, o en títulos de otros como ¡Al Palo!, Cambalache o Va Celina en la Punta. La oculta relación entre homosexualidad y tango no queda reducida a algunas anécdotas, que recoge Bazán en su obra, sino que tiene que ver con los propios orígenes marginales, su "alegre comienzo de burdeles, anarquistas e invertidos", pero no al hecho de que antiguamente el tango fuera bailado entre dos hombres, que obedecía más bien a la escasez de mujeres entre aquellos inmigrantes... Lo que es seguro es que hoy día existen algunas milongas para gays, como La Marshall, donde los chicos pueden practicar este estilo de baile tan cargado de erotismo.


    En los felices años veinte la ciudad de Buenos Aires no se libró del alivio traído por un viento fresco que dio un corto respiro a la libertad. En la metrópoli la homosexualidad se hizo algo más visible que antaño, hasta convertirse incluso en refugio para extranjeros, como el caso del cantante español Miguel de Molina. En el mundo de las lentejuelas y bambalinas cabe citar igualmente a Luis Fernández, más conocido por 'la Princesa de Borbón', o el cupletista Culpino Álvarez, de nombre artístico 'la Bella Otero', quien presumía de que la auténtica artista era su imitadora. Pero, para ejemplo de figuras genuinamente argentinas, hemos elegido las de Cepeda y Carella.


    A Andrés Cepeda (1869-1909), amigo de Carlos Gardel y uno de los primeros poetas del tango, le dedica Bazán un capítulo entero. Y no es para menos, porque este rubicundo, picado de viruela y bigotudo constituyó en su día el paradigma de la hombría 'maleva', con todos sus ingredientes. Macho pendenciero, estuvo preso en numerosas ocasiones, siendo aclamado además por sus cualidades como lunfardo -el 'divino poeta de la cárcel' le llamaban-. Aunque le inventaron amoríos con mujeres, todo el mundo sabía que se volvía loco por los guapos 'jopendes'.
    En opinión de Bazán, Cepeda pudo haber llegado a ser una auténtica estrella en su tiempo, pero eligió ser fiel a sus vivos principios y a su inquietante manera de vivir. Murió asesinado de las puñaladas que le asestaron en las ingles (según la costumbre de los malevos maricas), en la última de las muchas reyertas que tuvo a lo largo de su vida.


    Tulio Carella: porteño de ley
    Poco después de la muerte de Cepeda nace otro hombre memorable: el poeta, novelista, dramaturgo, crítico cinematográfico y guionista argentino Tulio Carella (1912-1979). A diferencia de Cepeda, Carella no procede de los bajos fondos, aunque su pasión por los hombres le llevó a traspasar sobradamente los límites de lo que podría denominarse una vida convencional. Pero, eso sí, no los buscó entre las esquinas de los arrabales porteños, sino fuera de la Argentina, pegado a la selva brasileña.

    Carella fue, además, un excelente ensayista, autor, entre otros, del libro El Tango: Mito y Esencia (1966).
    Es en su novela autobiográfica Orgía donde Tulio Carella deja constancia de sus más profundas inquietudes, empezando por su huida de Argentina para sentirse liberado de las ataduras sexuales, entre otras.
    Escrita en Brasil en los años cincuenta, no ha sido hasta ahora traducida al español, si bien Bazán incluye algunos pasajes que reflejan las experiencias homosexuales del autor.

    "Yo parecía un hombre creado para encender conchas, pero hago arder las pijas como antorchas", escribió, entre brutal y poético, al comienzo de su obra.
    Como puede comprobarse, en Orgía hay un fuerte componente homoerótico, a veces pornográfico, fruto de la atracción que Carella sintió por los jóvenes cariocas, como el caso del muchacho a quien llamaba 'King Kong', de quien llegó a escribir:

    "El violentísimo deseo de King Kong me contagia plenamente. Olvido el pudor, las precauciones de la prudencia y las restricciones de la moral. Me siento compelido a entregarme, ansío sentir y disfrutar de ese instrumento gigantesco. Me relajo, ayudo al macho que, con movimientos que duelen y no duelen, va penetrando en mis entrañas. El glande primero y después, progresivamente, el resto, todo va desapareciendo por el dilatado esfínter anal..."



    A causa de las revueltas políticas en Recife, el lugar donde residía en Brasil, Tulio regresa a la Argentina a comienzos de los sesenta. Allí escribe su obra Picaresca Porteña y se separa de su mujer. En el año 1979 se paró su corazón.

    Definitivamente Argentina se hallaba huérfana de una crónica que contara sin tapujos y en estilo directo su historia de la homosexualidad. Tal vez hasta ahora no hubo ocasión propicia para contarla. Por fin, Osvaldo Bazán ha podido cubrir ese vacío con la publicación de este libro profundo, veraz y ambicioso que consigue mostrarnos las ausencias y presencias vividas por el mundo rosa en el país de la Casa Rosada. Una presencia cargada de esperanza para un pueblo que no ha perdido aún la virtud de mirar hacia el futuro.
    Editado por última vez por Anoshvan; http://www.escortsxp.com/foro en 10/11/09, 19:12:17.

  • #2
    Respuesta: Con olor a tango...

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    • #3
      Respuesta: Con olor a tango...

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      • #4
        Respuesta: Con olor a tango...

        El malevo vendria a ser un chongo de hoy??
        “Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien”.
        Victor Hugo

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        • #5
          Respuesta: Con olor a tango...

          Originalmente publicado por Ochentoso Ver Mensaje
          El malevo vendria a ser un chongo de hoy??
          Vos decis por lo que pueden generar entre putos?. Esa cosa de querer cojer con un macho con un filo de marginalidad?.

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