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Pequeñas historias de una gran ciudad

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  • Pequeñas historias de una gran ciudad

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    Un poco la idea de esto es compartamos las pequeñas historias de lugares, rincones, edificio, sucesos e historias de vida desconocidas o poco conocidas con las que todos los dias nos topamos e ignoramos sin darnos cuenta.

  • #2
    Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

    La verdadera historia de la Milanesa a la Napolitana

    Son muchos los que creen que este plato procede de Italia, debido a que su nombre parece evocar las ciudades de Milán y Nápoles. Pero no. La famosa milanesa a la napolitana, hija del azar, es tan Argentina como alambre de púa, la lapicera o el registro de las huellas dactilares






    El cliente llegaba a un restaurante ubicado frente al Luna Park apenas pasada la medianoche y pedía una milanesa. El mozo lo atendía -el mismo siempre cumplía la comanda con la cordialidad acostumbrada, sin hacerle notar que ya había anticipado la orden a la cocina con sólo verlo llegar. La escena se repetía, alla por los años 50, noche tras noche sin mayores sobresaltos hasta que un imprevisto modificó la secuencia y dió un giro sabroso a la historia de la milanesa.
    Cierta noche el habitual comensal llegó más tarde de lo que acostumbraba, hizo su pedido y se entretuvo desmigajando un pancito. Un asistente, mas voluntarioso que hábil, tomó el lugar del cocinero que ya había concluído su servicio, con tan mala suerte que pasó de punto la fritura de la única milanesa disponible en el restaurante. Medio asustado y con ánimo de encontrar una solución rápida al asunto, consultó a don José Nápoli, el dueño, quien le respondió: "No te preocupes lo vamos a arreglar. Tapa la milanesa con jamón, queso, salsa de tomate y luego la gratinás."

    Mientras el asistente ponía esmero en disfrazar la milanesa en la cocina, don José en el salón, se acercó al cliente y lo predispuso a probar algo nuevo y especial. En minutos el mozo llegó a la mesa con la fuente humeante, que provocó un placer inmediato en el comensal.
    Así en tanto lo veía devorar su más reciente creación, Nápoli se sentó en una de las mesas libres con el menú original, que por entonces se reproducía con gel en letras azules, y agregó al final de la lista, de puño y letra el nombre de su creación: Milanesa a la Nápoli.

    Con el tiempo, y esa habilidad que tiene la lengua para esculpir nuevas palabras, el plato fue rebautizado como " milanesa a la napolitana", se hizo popular y todavía hoy sigue presente en la carta de los bodegones bohemios y no tanto, en los restaurantes porteños y en los bares que ofrecen minutas.
    Para Dereck Foster, titular de la cátedra de Alimentos y Bebidas de la Escuela de Turismo de la Universidad Del Salvador, que nos brindó la historia, el nombre desvirtúa el origen del plato, y sugiere una procedencia equivocada. Las palabras Milán y Nápoli presentes en el nombre remiten a muchos a considerar este hito de la cocina porteña como a un plato de procedencia italiano. Pero la verdad de la milanesa es otra.
    ¿ A quién se le ocurre, además, que Milán y Nápoles -enemigos declarados en guerra cultural y económica que divide al norte rico y al sur pobre de Italia-podrían prescindir de sus diferencias- para confraternizar en un plato....? Sólo a don José . A Don José Nápoli

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    • #3
      Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

      CASTILLO DE LA BOCA Realidad y Misterio





      Está ubicado en el triángulo que forman ALMIRANTE BROWN, BENITO PEREZ GALDOS y WENCESLAO VILLAFAÑE en el barrio de La Boca, de la ciudad de Buenos Aires. Es una obra del arquitecto francés, oriundo de Burdeos, GUSTAVO LIGNAC, alto ejecutivo de una firma comercial que tenia como muy importante antecedente haber sido el constructor de los primeros SALADEROS de GENERAL LAVALLE. La arquitectura de este edificio resulta muy novedosa para su época, 1908. Por esos años,dice JUAN AGUSTIN ICETO, la gente de LA BOCA -barrio chato y achaparrado- encontraba a esta esquina como lugar obligado del paseo de los Domingos por la tarde. La Torre contiene un tanque de agua disimulado que es el primero que se instala en el barrio.




      En 1910 a esta casa se le otorga el PRIMER PREMIO MUNICIPAL DE ARQUITECTURA. La planta baja esta totalmente modificada. Antes de ser Farmacia fue Café y originalmente vivienda. JOSE PUGLIESE afirma que compone, junto con la otra propiedad, edificada junto a ella; un solo edificio pero nuestros entendidos suponen que; siendo ambas del mismo arquitecto, las construcciones pertenecen a distintas épocas. Los detalles ornamentales de una y otra así lo demuestran. Si los balcones con ménsulas tan importantes de una, se diferencian de los balcones sin ellas, de la otra, no es por que ahí no hayan existido, sino por que han sido cortadas como lo demuestran las marcas que aun quedan en el muro. Mientras el edificio de la esquina revela en la altura que los fondos están terminados por importantes detalles arquitectónicos, el otro edificio descubre en el frente de PEREZ GALDOS y en el de WENCESLAO VILLAFANIE las cuatro puertas que alimentan dos casas de planta baja y dos del primer piso.
      Este edificio está ubicado en el triangulo que forman ALMIRANTE BROWN, BENITO PEREZ GALDOS y WENCESLAO VILLAFAÑE en el barrio de La Boca, de la ciudad de Buenos Aires. Es una obra del arquitecto francés, oriundo de Burdeos, GUSTAVO LIGNAC.
      La arquitectura de este edificio resulta muy novedosa para la época de la construcción, 1908.
      En 1910 a esta casa se le otorga el PRIMER PREMIO MUNICIPAL DE ARQUITECTURA.






      La casa del fantasma

      Así la llaman. Y yo diría que es más por su estilo que por otra cosa. También es conocida como El Castillo de La Boca. No hay muchos edificios extravagantes en La Boca, que suele ser y siempre fue de casas bajas, un barrio obrero, industrial y portuario. La construyó un arquitecto francés, Gustavo Lignac (en aquella época se traducían los nombres), en 1908, terminándola un año después, y ganando el premio municipal en 1910. Se encuentra en la cuchilla formada por las calles Benito Pérez Galdós y Wenceslao Villafañe sobre la Avenida Almirante Brown. En algún lado leí que la torre esconde un tanque de agua y que fue el primero de la ciudad, pero viéndolo de cerca parece que la torre se puede habitar, así que no sé bien dónde guardan el agua.
      En todo caso, el edificio es singular no sólo en el barrio sino en la ciudad. Buenos Aires tiene eso, muchos edificios singulares. Supongo que se debe a que fue, a principios del siglo XX, una ciudad imán que atrajo aventureros de todas clases, unos que hicieron fortuna, otros que no. Pero también arquitectos que quizá en Europa no hubieran tenido nunca la oportunidad de levantar edificios como los que se pueden encontrar aquí: por el academicismo, el peso de la tradición. En América siempre ha habido sitio para reinterpretar la tradición europea, darle otra vuelta de tuerca.
      Sí existe, sin embargo, una historia medio de fantasmas relacionada con este edificio.
      Hay una leyenda medio de fantasmas, o más bien un misterio, relacionada con esta casa. No sé muy bien cuándo se supone que ocurrió. El caso es que una pintora llamada Clementina (la leyenda no cita su apellido) vivía en la casa y tenía su taller ahí también. Un día fue a verla un periodista para entrevistarla, y sacó fotos de ella y de sus cuadros. A los pocos días, el hombre volvió y le mostró asombrado las fotos de los cuadros y del taller, porque en ellas parecía que había unos hombrecitos (he leído también que eran duendes) que bailaban. En la foto estaban fijos, en posición como de bailar, no es que se movieran en ella. La pintora se puso mal y echó al periodista de la casa diciendo algo así como “¡Usted no debió verlos!” Poco tiempo después de eso, los vecinos al parecer oyeron algo que parecía un disparo. Llamaron a la policía y cerraron las puertas del edificio para evitar cualquier huida de un criminal. Esto último me parece demasiado. Se oye un disparo, se llama a la policía, pero ¿se tiene la calma de cerrar todas las vías de escape? En cualquier caso, cuando llegó la policía, fueron al departamento de Clementina, entraron y no encontraron nada. Es decir, que ni ella ni los cuadros estaban ya. Y no se ha vuelto a saber nada desde entonces.
      No sé si alguien se habrá puesto a investigar en los periódicos que guardan en la Biblioteca del Congreso, a ver si esta historia tiene algo de cierto. La cuestión es que la leyenda quedó y algunos viejos de la zona todavía la recuerdan.

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      • #4
        Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

        El "viejo" Parque Japonés

        Francisco García Jiménez, desde la nostalgia escribió: "...El amplio jardín de diversiones estaba instalado en ese bajo entre Recoleta y Retiro, comprendido por el final de las calles Callao y la prolongación de Junín, hasta llegar a las vías del entonces ferrocarril Central Argentino... Ninguno corno aquel Parque Japonés de nuestra nostalgia, que la empresa Tornquist (después Seguro) realizó tomando como modelo las ferias de atracciones de Europa y Nortemérica. Desde la "montaña rusa" con su vertiginoso trencito de ascensiones, curvas y descensos terroríficas, hasta el jolgorio de sus espejos deformantes; desde el "café walk" al disco de la risa; desde la rueda gigante al "lago misterioso y de la sugestiva adivina al fakir del increíble lecho de clavos de punta que el visitante encontraba al paso todas esas excéntricas distracciones en las que el ingenuo entra con el aire avisado del listo, y el listo no tiene inconveniente en pasar por ingenuo. Inofensivo sofisma que, como estilo de vida, sería la solución de muchos problemas de la humanidad, sí no fuera que el sofisma juega solamente en el ´flanco’ despreocupado de una feria de diversiones. El Parque japonés que ofrecía todas esas y tantas más, durante las noches de la semana entera y las "matinées" del domingo, con extraordinario aporte popular y especialmente de gente menuda, tenía renos nocturnos "jueves de moda", que, más que por un afán taquillero de la empresa, eran "de moda" por imposición de una selecta concurrencia que había dado en frecuentarlos. En esos jueves veraniegos se lucia merecidamente, en el muy expectable quiosco musical del parque una banda de eléctrico repertorio". (GARCÍA JIMÉNEZ, Francisco, Así nacieron los tangos)
        Al Parque Japonés, los porteños y demás visitantes de la ciudad iban a pasar miedo, en busca de descontrol, adrenalina y risas. Todo, entre los autos chocadores, los esqueletos danzantes y cadáveres falsos que salían de los ataúdes en el Tren Fantasma, a bordo del Gusano Loco y la Montaña Rusa, frente a los espejos deformantes del Palacio de la Risa.
        Con la entrada frente a la hoy Torre Monumental, ex Torre de los Ingleses, donde hoy se levanta el Sheraton, y hasta la calle Charcas, fue inaugurado en 1939. Se hablaba de un nuevo Parque Japonés, ya que entre 1911 y fines de los años 30 la ciudad había tenido otro parque de diversiones con ese nombre, pero en Callao y Libertador, justamente donde después se montaría el Italpark.
        Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, cambió de nombre, por el de Parque de Diversiones de Retiro, justo en el momento en que nuestro país le declaró la guerra al Eje, conformado por Alemania, Italia y Japón.
        Cerca de 40.000 personas que lo visitaban los fines de semana y 15.000 que llegaban en día hábiles buscaban también otro tipo de emociones, como la de contemplar los llamados fenómenos de feria, como la mujer más gorda, la barbuda, el hombre más alto y el más pequeño.
        Los juegos mecánicos, en tanto, en su mayoría habían sido traídos de Estados Unidos, y algunos todavía subsisten en un parque de diversiones de Luján. Además era posible disfrutar de salones de baile, un colmao de estilo español, y las típicas casetas de tiro al blanco y otras habilidades. El ambiente no sólo atraía a familias enteras; muchos desprevenidos cayeron en los redes de malandrines varios.





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        • #5
          Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

          Originalmente publicado por El_perrero Ver Mensaje
          La verdadera historia de la Milanesa a la Napolitana

          Si es así esta historia, es de no creer... muy bueno, perrero
          "LAS GALLINAS Y LAS PALOMAS TAMBIÉN TIENEN CONCHA!!"
          (La lora)

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          • #6
            Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

            Muy interesante!
            Creo que el año de creacion de la milanesa a la napolitana fue anterior a los 50s, me parece mas a los 30s, igual no cambia la historia.

            Comentario


            • #7
              Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

              Querido Perrero:
              Me parece muy bien que escribas en el foro, pero las historias están bien redactadas e ilustradas ¿porque no tratás de colaborar con alguna editorial o escribir en forma más profesional? Te lo digo yo que estoy en el tema y te conozco sos jóven y tenés mucho potencial para desarrollar y con el tiempo para inclusive vivir de eso.........

              Comentario


              • #8
                Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

                Casa mínima en el barrio de San Telmo

                La Casa Mínima se encuentra en el Pasaje San Lorenzo, en el barrio de San Telmo. Lleva escrita en sus paredes una peculiar historia de negros esclavos y sus vivencias en el Río de la Plata.
                Esta vivienda, ubicada en el 380 del Pasaje, es la más angosta que conserva la ciudad de Buenos Aires, su frente no alcanza los 2,50 metros de ancho. Tiene una fachada exterior lisa, con una pequeña entrada y una puerta pintada de verde atravesada por una cerradura de hierro. En la planta superior asoma un balconcito con barrotes verticales de hierro, desde donde se esconde una ventana de dos hojas simétricas y dos cortinas iguales pliegue a pliegue. Por sobre la cornisa aparecen algunas plantas que dejan ver a los cimientos a través de los viejos y descascarados materiales.
                Al igual que en el resto del mundo occidental, en la Argentina del siglo XVII el tráfico de esclavos negros fue un próspero negocio que ejercían las familias ricas para utilizarlos como mano de obra barata en el campo apreciados por sus aptitudes físicas, o simplemente se los empleaba, en el caso de las mujeres, para realizar tareas domésticas en las casas.
                El 25 de Mayo de 1812, el Triunvirato decretó la prohibición del comercio de esclavos dentro del territorio de las Provincias Unidas. Un año mas tarde se declaró la «libertad de vientres» por lo que los hijos de esclavas nacidos después de dicha fecha fueron hombres libres.
                La población negra que formó parte de Buenos Aires no fue escasa.
                Cuando se realizó el censo de 1778, la ciudad tenía 15.800 españoles blancos, 1.288 mestizos e indios y 7.268 mulatos y negros. En 1810 las cifras ascendían a 10.000 y en 1836, sobre un total de 62.300 habitantes, 15.000 eran negros y mulatos. A mediados del siglo pasado, sobre un total de 800.000 habitantes, los mulatos alcanzaban a 110.000 y los negros 20.000.
                Las pestes, las sucesivas guerras y las epidemias diezmaron a los descendientes de africanos.
                La transformación del estatuto de los esclavos, que pasaron a ser "libertos”, condujo a la separación entre estos y sus amos generando la necesidad para los negros de procurarse una vivienda. Es aquí, donde comienza la historia de la Casa Mínima. Según la leyenda popular, esta vivienda perteneció a un esclavo a quien le fueron devueltos sus derechos con la abolición de la esclavitud, pero al ser solamente un «liberto» le correspondió una parcela pequeña.
                Pero el arquitecto José María Peña, director del Museo de la Ciudad, tiene una versión diferente. Dice que entre los años 1860 y 1872, Pedro Beare, levantó un Plano Catastro de la Ciudad, el cual no sólo ilustra sobre el nombre de los propietarios de los distintos terrenos, sino que también muestra la dimensión de los solares y las construcciones levantadas en ellos. En la parte correspondiente a la cortada de San Lorenzo, aparece la señora Magdalena Buthner, como propietaria de la parcela señalada en el plano con el nº 111, con una extensión de 16 metros de frente por 17 de fondo. Es en este terreno donde actualmente se halla la Casa Mínima. A partir de estos datos, Peña tiende a pensar que el problema del esclavo «liberto» se resolvió con la concesión por parte de los propietarios de una parcela reducida de sus terrenos a su antiguo sirviente. Según esta interpretación, la Casa Mínima nunca habría sido independiente, sino sería parte de una propiedad mayor.
                Según la revista Buenos Aires nos cuenta, «en general estas casas de reducidas proporciones eran para los esclavos "libertos" a quienes sus antiguos dueños les asignaban, dentro de su propiedad, un espacio reducido para que levantaran sus viviendas de hombres libres». Pero, cuando los «libertos» fallecían, la propiedad volvía a sus dueños originales.
                Como quiera que haya sido, la Casa Mínima es un recordatorio arquitectónico de un pasado en que la negritud formó parte de la realidad porteña. El 13 de diciembre, a partir de las 17 hs., recordando las raíces afroamericanas del barrio, habrá un desfile de candombe que irá desde la Casa mínima hasta el Cabildo.



                Casa Mínima de San Telmo

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                • #9
                  Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

                  Originalmente publicado por marce10 Ver Mensaje
                  Si es así esta historia, es de no creer... muy bueno, perrero
                  Gracias MArce10. Besssos.

                  Comentario


                  • #10
                    Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

                    Originalmente publicado por juano2007 Ver Mensaje
                    Muy interesante!
                    Creo que el año de creacion de la milanesa a la napolitana fue anterior a los 50s, me parece mas a los 30s, igual no cambia la historia.
                    Asi es juanjo2007!. se podra diferir ligeramente en el año, pero esa es la historia de nuestra bien porteña milanesa a la napolitana. Bessos.

                    Comentario


                    • #11
                      Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

                      Originalmente publicado por Rabano Ver Mensaje
                      Querido Perrero:
                      Me parece muy bien que escribas en el foro, pero las historias están bien redactadas e ilustradas ¿porque no tratás de colaborar con alguna editorial o escribir en forma más profesional? Te lo digo yo que estoy en el tema y te conozco sos jóven y tenés mucho potencial para desarrollar y con el tiempo para inclusive vivir de eso.........
                      muchas gracias mi muy quiridisimo Rabano! Lo pensare para algun futuro cercano, pero por ahora dejame con el trabajo forzado que les doy a los perruchos, jaja.

                      Comentario


                      • #12
                        Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

                        Originalmente publicado por El_perrero Ver Mensaje
                        El "viejo" Parque Japonés

                        Francisco García Jiménez, desde la nostalgia escribió: "...El amplio jardín de diversiones estaba instalado en ese bajo entre Recoleta y Retiro, comprendido por el final de las calles Callao y la prolongación de Junín, hasta llegar a las vías del entonces ferrocarril Central Argentino... Ninguno corno aquel Parque Japonés de nuestra nostalgia, que la empresa Tornquist (después Seguro) realizó tomando como modelo las ferias de atracciones de Europa y Nortemérica. Desde la "montaña rusa" con su vertiginoso trencito de ascensiones, curvas y descensos terroríficas, hasta el jolgorio de sus espejos deformantes; desde el "café walk" al disco de la risa; desde la rueda gigante al "lago misterioso y de la sugestiva adivina al fakir del increíble lecho de clavos de punta que el visitante encontraba al paso todas esas excéntricas distracciones en las que el ingenuo entra con el aire avisado del listo, y el listo no tiene inconveniente en pasar por ingenuo. Inofensivo sofisma que, como estilo de vida, sería la solución de muchos problemas de la humanidad, sí no fuera que el sofisma juega solamente en el ´flanco’ despreocupado de una feria de diversiones. El Parque japonés que ofrecía todas esas y tantas más, durante las noches de la semana entera y las "matinées" del domingo, con extraordinario aporte popular y especialmente de gente menuda, tenía renos nocturnos "jueves de moda", que, más que por un afán taquillero de la empresa, eran "de moda" por imposición de una selecta concurrencia que había dado en frecuentarlos. En esos jueves veraniegos se lucia merecidamente, en el muy expectable quiosco musical del parque una banda de eléctrico repertorio". (GARCÍA JIMÉNEZ, Francisco, Así nacieron los tangos)
                        Al Parque Japonés, los porteños y demás visitantes de la ciudad iban a pasar miedo, en busca de descontrol, adrenalina y risas. Todo, entre los autos chocadores, los esqueletos danzantes y cadáveres falsos que salían de los ataúdes en el Tren Fantasma, a bordo del Gusano Loco y la Montaña Rusa, frente a los espejos deformantes del Palacio de la Risa.
                        Con la entrada frente a la hoy Torre Monumental, ex Torre de los Ingleses, donde hoy se levanta el Sheraton, y hasta la calle Charcas, fue inaugurado en 1939. Se hablaba de un nuevo Parque Japonés, ya que entre 1911 y fines de los años 30 la ciudad había tenido otro parque de diversiones con ese nombre, pero en Callao y Libertador, justamente donde después se montaría el Italpark.
                        Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, cambió de nombre, por el de Parque de Diversiones de Retiro, justo en el momento en que nuestro país le declaró la guerra al Eje, conformado por Alemania, Italia y Japón.
                        Cerca de 40.000 personas que lo visitaban los fines de semana y 15.000 que llegaban en día hábiles buscaban también otro tipo de emociones, como la de contemplar los llamados fenómenos de feria, como la mujer más gorda, la barbuda, el hombre más alto y el más pequeño.
                        Los juegos mecánicos, en tanto, en su mayoría habían sido traídos de Estados Unidos, y algunos todavía subsisten en un parque de diversiones de Luján. Además era posible disfrutar de salones de baile, un colmao de estilo español, y las típicas casetas de tiro al blanco y otras habilidades. El ambiente no sólo atraía a familias enteras; muchos desprevenidos cayeron en los redes de malandrines varios.





                        Te añado un dato: El viejo parque japonés se prendió fuego y se extinguió casi por completo porque estaba hecho casi enteramente en madera. Y hay algunos tangos que se refieren al famoso parque.

                        Yo que no soy de Buenos Aires, me gustaría saber de una cosa mítica donde mi TIA CATITA GITMANOVICH DE SANTILLAN (esos matrimonios interreligiosos maravillosos que pasaron en nuestra inmigración) que tocaba el acordeón en las llamadas "Orquestas de Señoritas" en una Confitería llamada "El Molino" (o algo así) y mi mamá me llevó cuando era yo muy chico y estaba practicamente abandonada. En internet hay información pero pedorra. El Perrero podrías ilustrarme? Y que pasó con Harrod's? Lamentablemente nunca pude entrar a conocerla.

                        Comentario


                        • #13
                          Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

                          Corridas de toros en Buenos Aires

                          Entre el período que abarca desde el año 1800 a 1910 por influencia de España en Buenos Aires eran bastante común las corridas de toros, hubo algunos puntos de reunión en los cuales se celebraban estos encuentros, en ocasiones especiales la actual Plaza de Mayo, y en otros lugares había predios a tal efecto como en el barrio de Belgrano, o en la zona de Lima y Venezuela y en la foto que aquí se muestra en el actual Parque Lezama en el barrio de San Telmo. Foto de Febrero de 1902. A.G.N.<

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                          • #14
                            Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

                            El primer Teatro Colón

                            El 27 de abril de 1857, se inauguró el primer Teatro Colón, con una puesta de La traviata. Estaba ubicado frente a la Plaza de Mayo, en la esquina sudoeste de la manzana comprendida entre Rivadavia, Reconquista, Bartolomé Mitre y 25 de Mayo. Los planos fueron confeccionados por el Ing. Carlos E. Pellegrini -padre del futuro Presidente de la República-. Su capacidad estaba calculada para 2.500 personas.
                            En la construcción del primitivo Colón se utilizaron, por primera vez en el país, tirantes y armazones de hierro. La multitud de candelabros y la araña central de 450 luces eran alimentadas a gas. El escenario, el más amplio que se construyera hasta esa fecha, estaba dotado de todos los elementos necesarios para las grandes puestas escenográficas.
                            En sus tres décadas de existencia, el antiguo Teatro Colón, que debió cerrar sus puertas en 1888 para transformarse en la sede del Banco de la Nación Argentina, presentó a los más famosos cantantes de la época - Enrico Tamberlick, Giuseppe Cima, Sofía Vera-Lorini, Giuseppina Medori, Federico Nicolao, Julián Gayarre, Adelina Patti y Francesco Tamagno- y desarrolló un repertorio que aún hoy sigue llamando la atención por su amplitud y eclecticismo y que incluía estrenos de óperas alemanas, que eran cantadas en italiano, tal como ocurría en algunos países europeos.



                            Antiguo Teatro Colón

                            Comentario


                            • #15
                              Respuesta: Pequeñas historias de una gran ciudad

                              EL CAFÉ DE LOS ANGELITOS

                              Buenos Aires es una ciudad de memorias. La pueblan fantasmas y recuerdos de tiempos que se han ido. El porteño, empecinadamente, se niega a desprenderse de su ayer.

                              ¿Dónde está? pregunta y vuelve cierto
                              el día del ayer, esa locura
                              donde habita un pasado que perdura
                              pues la pregunta afirma que no ha muerto.
                              En la vieja esquina de Rivadavia y Rincón están todavía los ecos del Café de los Angelitos rebotando por su cascarón desnudo.
                              Lo había fundado, por 1890 con el nombre de Bar Rivadavia un italiano llamado Batista Fazio. Primitivamente fue reducto de malandras y caferatas cuya traducción del lunfa básico corresponde, más o menos, a gente de mal vivir. Verdaderos "angelitos", según la socarrona afirmación del comisario de Balvanera quien, sin saberlo, le estaba dando carta de bautismo a uno de los más populares cafés de Buenos Aires.




                              Cuando en 1919 lo adquirió don Angel Salgueiro en la suma de setenta y cinco mil pesos, ya habían hecho famosa la esquina las presencias de Gabino -el negro payador del Himno a Paysandú-, Higinio Cazón, José Betinotti, José Razzano, Carlos Gardel, Roberto Cassaux, Florencio Parravicini y los prohombres del socialismo argentino que tenían su Casa del Pueblo cincuenta metros más al oeste por la misma calle Rivadavia.
                              Cuentan que era frecuente ver llegar a Juan B. Justo, a don Alfredo Palacios -por entonces joven mosquetero de la política con el brillo de haber sido el primer diputado socialista de América-. Sabía recalar también otro de los nombres imborrables que Juan Manuel Gálvez cita entre los amigos y maestros de su juventud: José 'Pepe' Ingenieros.
                              El anecdotario es inagotable. Fue en el Café de los Angelitos donde una noche de 1917, don Mauricio Goddart -director artístico del sello Odeón- contrató al ya famoso dúo criollo Gardel-Razzano, quienes debutaron en el disco con Cantar eterno y El sol del 25. Y fue también allí donde Carlitos, celebrando una de las victorias de su célebre pingo, Lunático, hizo un convite de puchero corrido que duró hasta el último canto del gallo.
                              Por 1928 también los radicales caían por el café. Inaugurado el nuevo edificio del Congreso en la esquina de Rivadavia y Entre Ríos, muchos políticos del viejo partido de Alem solían arrimarse a la tertulia con sus adversarios los socialistas. Y en la década del 30 fue el Malevo Muñoz -Carlos de la Púa- el de La crencha engrasada quien supo animar otros encuentros de poetas, periodistas o simplemente manyines que buscaban el garrón de alguna mesa bien servida.




                              El tiempo -la infinita trayectoria de ese río que el griego ha revelado- fue mutando la ciudad, apagando voces, segando rostros, diseñando olvidos. La bravía esquina de Rivadavia y Rincón fue transformándose en ajetreado periplo de oficinistas laburantes. El café pecó de bar americano propiciando de día algún almuerzo al paso. Por las noches pagaba su penitencia recobrando tangos.
                              Los porteños no advertimos que poco a poco íbamos perdiendo otro de nuestros santuarios -como dice Bossio-. El último eslabón de esa inolvidable sucesión de cafés que poblaron la avenida de Mayo desde fines del siglo anterior, cerró sus puertas en 1993. De todos, solo el Tortoni queda en pie. El Berna es un remedo de su antiguo lustre en la esquina de Avenida y Sáenz Peña. Los otros, son solo nombres en el recuerdo. El Café de los Angelitos es una esquina deshabitada, con la tapia mortificante de una pegatina de afiches y sus dos querubes en lo alto de la ochava clamando a la ciudad por una redención que tarda.
                              Ricardo Ostuni




                              Artículo publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro.24 Abril-Mayo 1997

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