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La Inquisición. De Ayer y de Hoy.

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  • La Inquisición. De Ayer y de Hoy.

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    Esta madrugada, cuando me levante a echar un meo, leí el artículo que pego el perre sobre la nota al dueño de Contramano. Entre otras cosas hablaba de la lucha que significaba ser puto en aquella época. Les pego una nota que habla del largo camino recorrido por los gays en Latinoamericana. Es del periodista Luiz Mott.

    I parte:
    Cuando se descubrió América, en el tránsito del siglo XVI al XVII, España y Portugal vivían su período de mayor intolerancia contra quienes practicaban el "abominable y nefasto pecado de sodomía". Exactamente en esa época se instalaron en la Península Ibérica más de una decena de Tribunales del Santo Oficio de la Inquisición, que convirtieron a la sodomía en un crimen tan grave como el regicidio y la traición a la patria. En la América hispana se instalaron tribunales de la Inquisición en México, Perú y Colombia. En Brasil, visitadores y familiares del Santo Oficio hacían inspecciones regulares a la colonia, denunciando y apresando a los sodomitas. El abominable y nefasto crimen de la sodomía era uno de los pocos crímenes que las primeras autoridades de Brasil tenían autoridad para castigar con la pena de muerte sin necesidad de consulta previa con el rey de Portugal.
    La homofobia en la América Latina contemporánea tiene sus raíces más profundas en el machismo ibérico, cuyo basamento ideológico se inspiró en los tratados de teología moral de la época de la conquista que declaraban: "de todos los pecados, la sodomía es el más torpe, sucio y deshonesto, y no se encuentra otro más aborrecido por Dios y por el mundo. Por este pecado lanzó Dios el diluvio sobre la tierra y por este pecado destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra; por causa de la sodomía fue destruida la Orden de los Templarios por toda la Cristiandad en su día. Por lo tanto, mandamos que todo hombre que cometa ese pecado, sea quemado y convertido en polvo por el fuego, para que ya nunca de su cuerpo y sepultura se tenga memoria". Los homosexuales eran perseguidos por tres tribunales: la Justicia Real, la Santa Inquisición y el Foro Episcopal.
    Al desembarcar en el Nuevo Mundo, los europeos encontraron una gran diversidad de pueblos y civilizaciones, cuyas prácticas sexuales diferían en gran medida de la matriz cultural judeo-cristiana, siendo algunas diametralmente opuestas en cuanto a la desnudez, la honra, la virginidad, el incesto, la poligramia, el divorcio y sobre todo, la homosexualidad, el travestismo y la transexualidad. Ya en 1514 se divulga en la Historia General y Natural de las Indias, que el gusto por el vicio nefasto se encontraba presente en todo el Caribe y en los territorios de Tierra Firme. Los conquistadores se escandalizaron profundamente al encontrarse con esculturas e ídolos venerados por los pueblos amerindios que mostraban en forma explícita relaciones homoeróticas. En México, América Central, América del Sur -tanto en los Andes como en la Amazonia-, se dio la misma constatación: "muchos indios e indias son sodomitas". Diversos cronistas asociaron la sodomía a la falta de piedad religiosa: "como no conocen al verdadero Dios y Señor, cometen gravísimos pecados de idolatría, sacrificio de hombres vivos, ingesta de carne humana, conversaciones con el diablo, sodomías, etcétera".
    Pero no todas las culturas amerindias, sin embargo, estaban a favor del amor entre personas del mismo sexo. Entre los pueblos mayas y aztecas, según los cronistas franciscanos, "la sodomía pasiva es abominable, nefasta y detestable, digna de desprecio y de risa por parte de las gentes". Llama la atención la contradicción observable en estas civilizaciones precolombinas que, por un lado, cuentan con una mitología extremadamente dionisíaca, que valora incluso el hermafroditismo y la homosexualidad, y por otro, muestran prácticas morales a veces bastante represivas, de tipo apolíneo, aplicando incluso la pena de muerte a ciertos casos de homoerotismo. Lo que no niega la información aportada por el precursor de los estudios sobre homosexualidad en el Nuevo Mundo, el venezolano Antonio Raquena, que en un trabajo con fecha de 1945 señala: "Aceptada o rechazada, honrada o severamente castigada, según la nación donde se la practicaba, la homosexualidad estaba presente desde el estrecho de Bering hasta el de Magallanes".
    1513 puede ser considerada la fecha inagural de la intolerancia homofóbica en el Nuevo Mundo: el conquistador Vasco Balboa, al encontrar un numeroso séquito de indios homosexuales en el istmo de Panamá, apresó a cuarenta de ellos y los entregó a perros feroces para que los devoraran, conforme narra Pietro Martire y lo retrata un dramático grabado de la época.
    1548 es la fecha en que se registra la primera persecución institucional contra europeos homosexuales: en Guatemala van presos siete sodomitas, siendo cuatro de ellos clérigos y tres legos. Al ser llevados para la hoguera, lograron eludir la pena capital debido a un disturbio que tuvo lugar entre la población.
    De 1549 data la noticia del primer sodomita público y notorio que fue desterrado a las Américas. Se trata de un joven portugués, Estevao Redondo, que fuera criado del gobernador de Lisboa y condenado al exilio perpetuo en el nordeste de Brasil.
    En 1571 se instalan Tribunales de la Santa Inquisición en México y Perú, y en 1610 en Cartagena de Indias, litoral de Colombia. En la América hispana, a diferencia de lo que ocurría en la América portuguesa, el Santo Oficio no tenía autorización para perseguir el pecado de sodomía, correspondiéndole a la justicia real y al obispo la represión a los/as practicantes del amor que no osaba decir su nombre.
    En Brasil, entre 1591 y 1620, 44 hombres y mujeres fueron acusados/as y procesados/as por sodomía, llegándose a fines del siglo XVIII a un total de 283 denuncias de luso-brasileños/as por el pecado mayor, muchos de ellos condenados a remar en las galeras del rey o desterrados a áreas remotas de Africa e India. De las 29 lesbianas denunciadas por tales en el Brasil colonial, 5 recibieron penas pecuniarias y espirituales, 3 fueron desterradas y 2 condenadas a azotes en público. La más famosa, Felipa de Souza, dio su nombre al premio internacional más importante de derechos humanos homosexuales, iniciativa de la Comisión Internacional de los Derechos Humanos para Gays y Lesbianas. En 1646, el lesbianismo fue despenalizado por la Inquisición, pasando las lesbianas a ser perseguidas por la justicia real y episcopal.
    Hay documentos que prueban dos ejecuciones de homosexuales en la historia de Brasil: en 1613, en Sao Luis do Maranhao, por orden de los invasores franceses, instigados por los misioneros capuchinos, un indio tupinambà, públicamente insultado y reconocido como tibira (sodomita pasivo), fue amarrado a la boca de un cañón, siendo su cuerpo despedazado al salir la bala, "para purificar a la tierra de sus maldades". En 1678, se ejecutó a un segundo mártir homosexual en la capitanía de Sergipe: un joven negro, esclavo, "fue muerto a azotes por haber cometido el pecado de sodomía".
    México lideró la persecución a sodomitas en América Latina durante el período colonial: en 1658 fueron denunciados 123 sodomitas en la ciudad de México y sus alrededores, 19 de ellos fueron presos y 14quemados en la hoguera. Uno de ellos logró eludir la hoguera por ser menor de 15 años, recibiendo pese a todo 200 azotes y 6 años de trabajos forzados como castigo. En 1673, hubo otro progrom: siete mulatos, negros y mestizos fueron quemados en Mixoac.
    Con el fin de las inquisiciones portuguesa y española, también en América Latina se extinguieron los Tribunales del Santo Oficio en 1820 en Perú y México, en 1821 en Cartagena y Brasil. Se extingue así ese Monstrum Horribilem pero, desgraciadamente, como las mentalidades no se cambian por decreto, hasta hoy persiste en América Latina el fantasma de la inquisición no sólo en la ideología moralista e intolerante sino también en la composición de las elites locales, cuyas capas más tradicionales en muchas zonas descienden aun hoy en día, directamente, de los terribles familiares y comisarios del Santo Oficio.

  • #2
    Respuesta: La Inquisición. De Ayer y de Hoy.

    II Parte:

    Por inspiración modernizadora del Código Napoleónico, la sodomía fue despenalizada en la mayor parte de los nuevos países latinoamericanos, dejando de estar incluida en los respectivos Códigos Penales, pero siguió persistiendo durante todo el siglo XIX el fuerte prejuicio y discriminación sobre todo contra los "pasivos". Bajo acusaciones de atentado al pudor y ejercicio de la prostitución, e incluso alegando falsedad ideológica en el caso de las travestis, un número incontable de homosexuales siguieron siendo chantajeados, encarcelados y torturados por los agentes del nuevo orden policial. Pasaron de las garras de la Inquisición a las comisarías. A pesar de que muchos médicos y científicos demostraron su buena intención de retirar a las mujeres y hombres "invertidos" de las comisarías y prisiones, para intentar su "cura" en consultorios y clínicas, en su condición de perros guardianes de la moral oficial, adoptaron a veces formas modernas de violencia, torturando a indefensas mariquitas con terapias dolorosísimas que llegaron a incluir descargas eléctricas, dosis enormes de hormonas y peligrosos productos químicos, incluyendo transplantes de testículos de monos.
    En el siglo XX, el suicidio, la total clandestinidad, la baja autoestima, la marginalidad, los asesinatos, pasaron a ser el pan de cada día de millones de gays, lesbianas y transgéneros en América Latina, rechazados por sus familias, humillados en las calles, impedidos de acceder al trabajo. Investigaciones realizadas en Brasil, país que debe albergar a más de 17 millones de homosexuales, revelan que de todas las minorías sociales, gays y lesbianas constituyen la más odiada, observándose un continuum que va del insulto verbal al trato humillante en los medios de comunicación, la violencia física en las calles, las detenciones arbitrarias, los asesinatos. En México, hasta hoy a los gays se los llama "cuarenta y uno", en recuredo de los 41maricones presos en una sola noche en 1901, que fueron sometidos a castigos humillantes, obligados a barrer las calles de la capital y a lavar las letrinas públicas.
    Según la Spartacus Gay Guide, hay áreas de levante, bares y establecimientos comerciales afines o abiertamente frecuentados por la población GLT en todos los 41 países de América Latina y el Caribe. Pese a todo, sólo en la mitad de ellos se tiene noticias de la existencia intermitente de uno o más grupos de defensa de los derechos homosexuales.
    Pese a la gran dviersidad socioeconómica y cultural de estos países, algunos fuertemente marcados por la herencia indígena, otros con gran influencia de la cultura africana, unos pocos con tradición ibérica más acentuada, América Latina como un todo se caracteriza por la extrema virulencia del machismo y la homofobia, que reforzados por el omnipresente control familiar de inspiración cristiana y las grandes dificultades que la independencia económica presenta para los jóvenes, hacen que la suma de estos factores inhiba el proceso de coming out en los jóvenes, explicando en parte el reducido tamaño y breve duración de los grupos de militancia homosexual. Desprecio social, humillación pública y persecuciones policiales, hacen parte del cotidiano de los homosexuales latinoamericanos de norte a sur, a tal punto que se acostumbra decir que "hay que ser muy macho para ser gay en América Latina". El término marica y sus variantes regionales, se usa en todo el mundo latinoamericano, incluso en Brasil, como uno de los insultos más frecuentes contra los homosexuales. La misma hostilidad recae sobre las lesbianas, que sufren grave violencia por parte de sus familias, ex-amantes o compañeros, inspirados por la ideología lesbofóbica y misógina que interpreta y trata el lesbianismo como ultraje y amenaza a la hegemonía machista.
    Dentro de los países de esta región, Cuba se destacó en la década del 60 por la violencia con que persiguió, apresó y obligó a exiliarse a centenares de homosexuales, identificando la homosexualidad con la decadencia capitalista. Libros y películas como Fresas y Chocolate, de Tomás Alea Gutierrez y Antes que anoiteça, de Reinaldo Arenas, revelan la intolerancia homofóbica de un período que felizmente está siendo superado. Aunque no se tienen noticias de movimiento homosexual organizado en la isla de Fidel, se sabe que dentro de las estructuras propias de los comités vecinales, lesbianas y gays discuten sus reivindicaciones teniendo buena acogida por parte de la comunidad. Prueba de esta nueva postura oficial de respeto a la orientación sexual y a los roles de género se ha puesto de manifiesta en la ONU, cuando en la Conferencia sobre la Mujer realizada en Beijinga, Cuba fue el único país latinoamericano que defendió todas las referencias anti-discriminatorias basadas en la orientación sexual.
    Pese a la generalizada ideología fuertemente marcada por el machismo, que redunda en prácticas homofóbicas violentas y discriminatorias, en 1969 se fundó en Argentina el primer grupo de defensa de los derechos huymanos en América Latina, que a partir de 1971 fue conocido Frente de Liberactión Homosexual. En 1978 se fundaron grupos gays en México y Brasil, y en la década del 80 en Perú, Colombia y Venezuela. En los años 90 el movimiento GLT se organiza en Chile, Uruguay, Puerto Rico y Jamaica.
    Hasta mediados de los años 90, la homosexualidad seguía siendo considerada un delito en Chile, Ecuador, Cuba, Nicaragua y Puerto Rico. A comienzos del siglo XXI todavía persisten leyes contra la sodomía en dos países: Puerto Rico y Nicaragua. Ecuador es un bello ejemplo: saltó de la edad de las cavernas a la modernidad, volviéndose el segundo país del mundo después de Africa del Sur que incluyó en su Constitución la prohibición de discriminar por orientación sexual. En la década del 90 se aprobaron diversas leyes a favor de la libre orientación sexual: en más de 70 municipios del Brasil; y en Buenos Aires y Rosario, de Argentina. También en el estado de Aguascalientes y en el Distrito Federal de México, donde una diputada abiertamente lesbiana ocupa un curul en la Legislatura. Manifestaciones masivas se han realizado en diversas capitales del continente, en ocasión de las celebraciones del orgullo gay, destacándose la de Sao Paulo que en 2001reunió a más de 200 mil participantes.
    Persiste, sin embargo, en todos los países latinoamericanos y caribeños, legislación moralista represiva, que generalmente se aplica con mayor rigor y de forma discriminatoria contra los homoexuales, considerándose la homosexualidad como agravante en la corrupción de menores, reprimiéndose el travestismo como atentado contra el pudor o identidad falsa, excluyéndose legalmente a gays y lesbianas del acceso a la unión civil, en la medida en que los códigos civiles y constituciones de los diversos países restringen el casamiento o el reconocimiento como familia e inclusive el concubinato, a las parejas de sexos opuestos.
    Como consecuencia del pasado colonial y del esclavismo, una característica significativa observada en la mayor parte de los países latinoamericanos y caribeños es el alto grado de violencia física y opresión moral que se ejerce contra travestis, gays y lesbianas. En Brasil se repite de norte a sur el mandato "viado (pédé) tem que morrer!" y en todo el continente padres y madres dicen públicamente que preferirían tener un hijo ladrón o una hija prostituta antes que un gay o una lesbianas. Los obispos de la iglesia católica y, últimamente y con mayor rencor, los integrantes de las iglesias protestantes fundamentalistas, atacan gravemente a los homosexuales en los medios y en los púlpitos, censurando las campañas de prevención del SIDA para gays y obstaculizando la legislación de unión civil para personas del mismo sexo. Esas mismas sectas patrocinan clínicas de cura para homosexuales. En el Caribe angloparlante persisten las leyes colonias antisodomía, que han redundado inclusive, en los últimos años, en medidas extremas de homofobia como el impedir que desembarcaran los pasajeros gays que participaban de un crucero por esa región.
    Aún más graves son los crímenes homofóbicos: la prensa internacional constantemente ha denunciado el asesinato brutal de gays y travestis en casi todos los países de la región, crímenes que exhiben rasgos de crueldad y son objeto de una impunidad repugnante. Muchos de esos homicidios tienen como autores a escuadrones de la muerte, la propia policía y, recientemente, grupos neonazis.
    Pese a la inexistencia de estadísticas policiales sobre crímenes de odio en la región, disponemos de información bastante fidedigana sobre crímenes homofóbicos documentados en los dos países más grandes de América Latina: en México, según la Comisión Ciudadana de Crímenes de Odio por Homofobia, fueron asesinados 213homosexuales en el período 1995/2000, calculándose que el número real debe ser tres veces más alto. Para Brasil, de acuerdo con los registros del Grupo Gay da Bahía, se han documentado 1960 asesinatos en el período 1980-2000, 69% de gays, 29% de travestis y 2% de lesbianas, lo que da un promedio de un homicidio cada dos días.
    En números absolutos y relativos, no cabe duda que es en América Latina y el Caribe donde ocurre el mayor número de crímenes homofóbicos del mundo. Un triste liderazgo para un continente tan cordial con los turistas y con la alegría de vida y la exhuberancia de la cultura homosexual como marcas registradas de la región.

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    • #3
      Respuesta: La Inquisición. De Ayer y de Hoy.

      Està muy bueno el post. Es bueno informarse constantemente, porque siempre hay algo que faltaba saber.

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      • #4
        Respuesta: La Inquisición. De Ayer y de Hoy.

        Muy bueno Anoshvan, te pasaste
        Siempre estos curas detrás de bambalinas. No es casualidad que nuestros países sean de lo peor en este tema. También son el último refugio de la Iglesia, que moldeó mentalidades durante siglos.
        La religión es el opio de los pueblos. Entendí el significado brutal de esta frase tan simple en un reciente viaje al lugar del mundo donde nació el comunismo

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        • #5
          Respuesta: La Inquisición. De Ayer y de Hoy.

          Una institución tan importante en la época como la Iglesia, cuya influencia trascendía lo meramente religioso, disponía de un resorte casi infalible para acabar con la disensión en todos los órdenes de la vida. El tribunal inquisitorial representaba las labores de policía de la moralidad y de las buenas costumbres, interviniendo en los asuntos mundanos con un afán especial y sustentando con exquisito rigor la facultad real, otorgada graciosamente, para investigar, acosar y escarmentar a los pecadores, condenándoles de por vida y para toda la eternidad si fuera menester. Así que a la pérdida de la existencia habría que añadir un daño suplementario que incluso trascendía al más allá e incidía en la imposibilidad de la salvación del alma en la otra vida.
          Los hombres de esta sociedad, que castigaba en la vida y tras la muerte, eran perseguidos por un sistema de valores morales que intervenía en los asuntos privados y regulaba las relaciones personales hasta en los momentos más íntimos; pero así y todo, muchos no pudieron substraerse a ello y corrieron el riesgo prescrito al dejarse llevar por los sentimientos o por el instinto, y pecaron a conciencia contra la base del sistema, contra el engarce ético de la misma estructura social.
          No obstante, con el paso del tiempo los hombres verían cómo las cosas no siempre serían del mismo modo, pues durante la Edad Moderna, la persecución contra las relaciones sexuales entre varones experimentaron un cambio crucial, debido sobre todo a la intervención definitiva de la Inquisición, lo cual incidió en que las mismas fueran observadas por los hombres y la sociedad de una forma diferente de como las habían conocido hasta aquella época.
          Entonces las relaciones homosexuales no eran percibidas como el resultado de un proceso de perversión de las tendencias naturales del instinto reproductor. En palabras de Rafael Carrasco (1985), el sodomita no constituía una especie diferente, no era como el homosexual inventado por la patología decimonónica, un ser definitivamente marcado por una singularidad biológica determinante. El sodomita era considerado a lo sumo como una criatura de lujuria, como un esclavo de los apetitos sexuales, pero de unos apetitos que no diferían en esencia de los que la naturaleza provocaba en el resto de los hombres. Desde este punto de vista, el error del sodomita provenía de una falta de discernimiento entre lo permitido y lo prohibido, y no de la naturaleza particular de su pulsión. El concepto clave no era entonces el de desviación, sino el de desordenada atracción del placer. El sodomita pecaba porque buscaba placer donde no era lícito hallarlo... Así, pues, lo que al principio se veía como un error en la forma de obtener placer, convertido en delito por ser pecado, acabaría con el paso del tiempo por percibirse como un defecto de la naturaleza y del instinto sexual natural.
          Después, las cosas cambiaron sustancialmente y las relaciones sexuales y afectivas entre personas del mismo sexo dejaron de considerarse como un quebrantamiento de la ley y, aunque la Iglesia también ha dejado de satanizarlas, persiste en su idea de que son cuanto menos erráticas; por ello, muchas personas que no pueden escapar al influjo de esta doctrina, siguen percibiendo que la motivación natural que les inclina a buscar la satisfacción entre sus iguales tiene un componente pecaminoso intrínseco. Lo cual incide en que muy pocos salgan indemnes del proceso mental y vital que se produce por mantener posturas ideológicas enfrentadas a las emociones personales y a los requerimientos íntimos del sentido común.
          No obstante, esto que hoy sabemos era ignorado por los poderes públicos de antaño, los cuales estaban más interesados en el control de la sociedad y en la unificación de las costumbres que en ser proclives a un entendimiento que permitiera a los seres humanos lograr la felicidad en este mundo, a pesar de la diversidad de comportamientos. Para obtener ese control, el Estado dispuso de distintos resortes que fueron corrigiendo, no sin drama y dolor, la idea que debían tener los hombres y las mujeres sobre el propósito de la vida. Ignorar esta cuestión devendría en un desconocimiento de la Historia Moderna europea en general y en concreto de la Historia de España. El nacimiento de la Inquisición tenía como fin el velar por la salvaguarda de los valores cristianos católicos y evitar los influjos heterodoxos, y las relaciones sexuales eran susceptibles de vigilancia por lo que podrían significar de trasgresión de la norma.
          Tal como explica Pérez Escotado (1998), el sexo de los españoles quedó sofocado bajo un movimiento perfectamente organizado de represión sexual, instrumentado por la Iglesia durante los siglos XVI y XVII y que, lentamente, en el siglo XVIII, cedió al campo de la Medicina, al de la educación -que continuaba controlando- y al de la familia, las cuales acabaron por convertirse también en instancias públicas de control:
          En España, la Inquisición funcionó como una eficacísima administración, y desde finales del siglo XV hasta 1834 no dejó de vigilar y castigar todo un amplio espectro de posibles delitos sexuales, unas veces de forma directa porque entraban dentro de la herejía, y otras por extensión y tergiversación interesada de sus competencias.
          En resumen, la intervención del Santo Oficio no permitió el desarrollo normal de la sexualidad en España y sus dominios. Pero no fue sólo la Inquisición, también otros tribunales persiguieron, juzgaron y condenaron a muchos españoles a lo largo de la Edad Moderna, ya que el delito de sodomía o pecado nefando, expresión que empezó a generalizarse entonces, era competencia de varias instituciones, según el lugar, la calidad o el fuero que asistiera al reo.
          La sodomía era competencia del tribunal inquisitorial para la Corona de Aragón, pero no sucedía así en Castilla, donde la jurisdicción real o justicia civil se encargaba de perseguir esta infracción; además había que tener en cuenta si quienes cometían el pecado nefando eran sacerdotes o seglares, o si acaso pertenecían a otras categorías sociales, si eran miembros de alguna de las órdenes militares o si algún fuero de clase les amparaba; porque en esos casos el proceso y su resultado podían variar sustancialmente.
          Esto puede hacernos pensar que los poderes públicos de antaño estaban obsesionados por perseguir a los homosexuales; sin embargo debemos aclarar que aunque la persecución existió, no siempre fue de una manera obsesiva ni gratuita. Al menos en el sentido de que existiera una vigilancia tal sobre las personas que éstas fueran incapaces de poder actuar libremente, lo cual podría deducirse de todo lo dicho hasta ahora; pero, de suceder así, sería muy difícil -por no decir imposible- la consumación del pecado y del delito y, como es obvio, esto sí que es totalmente incierto.
          Desde la creación del Tribunal del Santo Oficio, e incluso desde antes, ya se producía una vigilancia férrea sobre las costumbres para que aquellas cambiaran, y en concreto, la sodomía tenía entonces connotaciones peligrosas por cuanto se la identificada con hábitos foráneos a la mentalidad del catolicismo hispánico. De hecho, en algunos estratos sociales se la equiparaba a un influjo pernicioso procedente del Islam, considerado el enemigo tradicional de la católica patria hispana, lo que claramente iba en perjuicio de aquella comunidad; cuando en realidad la sodomía era practicada, como demuestran los procesos estudiados, por todas las clases sociales sin importar la raza, la religión, la nacionalidad o el origen. Por lo que podemos deducir que, al igual que hoy, tal actividad pertenecía al ámbito particular de los sentidos, concerniente a la vida privada de algunos hombres, y no era específica de un tipo de gente determinada.
          Sin embargo, la actitud de rechazo a los sodomitas parece que sí tenía un origen concreto, que podríamos fijar en la sociedad machista de los pueblos bárbaros que habían invadido siglos atrás el antiguo Imperio romano. El argumento cristiano de que el pecado de sodomía era odioso a Dios -porque iba en contra de la naturaleza, a la que se consideraba su obra perfecta- prosperó entre las clases populares porque subyacía un sentimiento de aversión a él que era distintivo de algunas sociedades que solían basar su supervivencia y expansión en la procreación; porque ésta era considerada como la garantía principal que posibilitaba la asunción y mantenimiento del poder, así como la trascendencia en el mundo real y sobrenatural. Creemos que esa animosidad hacia los homosexuales se fue consolidando con el transcurso del tiempo debido al imperativo legal que proscribía los actos de sodomía con un énfasis especialmente grave. De otra manera no puede entenderse la generalización de la homofobia en el pasado. Pero, por supuesto, existen otros factores que ayudan a explicar este fenómeno tanto en las costumbres antiguas como en la actualidad.
          Lo verdaderamente relevante es la persistencia de la homosexualidad hasta en los momentos de mayor persecución, lo que por otra parte demuestra la imposibilidad de abstraerse al instinto connatural que la produce, mientras que el hostigamiento hacia los homosexuales y sus actos parece ser producto del desconocimiento y la ira injustificable de ciertos individuos que intuyen un peligro para la supervivencia del grupo, para preservar la pureza de la raza o atendiendo a cualquier otra tesis fundada en valores éticos segregacionistas.

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          • #6
            Respuesta: La Inquisición. De Ayer y de Hoy.

            Lo que interesa ahora es que pese a todo ello, y tal como demuestran los trabajos de los estudiosos y la investigación propia, la sodomía siempre había sido percibida como un hecho bastante habitual en la sociedad europea. A principios de la Edad Moderna se manifestaba cotidianamente en todos los estratos sociales. Hasta para quienes estaban encargados de luchar con todas sus armas contra ella, la práctica del pecado nefando sólo era considerada como una errónea elección del sujeto para satisfacer su instinto sexual natural, a lo que estaban expuestos todos los hombres; pues todavía no era la desviación emotiva que llegaría a ser con el paso de los siglos y que afectaría como una patología sólo a los "perdidos", "viciosos" y "desordenados" homosexuales de los últimos siglos.
            De los numerosos procesos por sodomía realizados por las distintas instituciones que tuvieron competencia al respecto, tanto de la Inquisición como los llevados a cabo por la jurisdicción real, podemos interpretar que no se perseguía impunemente al que cometía un esporádico delito de sodomía, ni siquiera a aquellos que pecaban por primera vez o que eran obligados por otros, aunque se llegó a sentenciar al fuego a algunos principiantes. Pero no fue lo más corriente. Lo que se deduce de casi todas las causas es que la mayor parte de los homosexuales de la Edad Moderna fueron procesados por consumar un acto que se consideraba delito, pero para que ello resultara satisfactorio a los miembros de un tribunal era necesario reunir la mayor suma de datos posibles, con gran número de testigos y con las más graves acusaciones, pues la simple confesión de un acto individual y fortuito no parecía suficiente para llevar a la hoguera a los hombres. Puede darnos la impresión de que los sodomitas de la época eran promiscuos, ya que los procesos estudiados conservan múltiples acusaciones de otra tanta cantidad de actos en los que estaban involucrados los reos; sin embargo, debemos descartar tal valoración y pensar que probablemente lo fueran en la misma proporción que los demás hombres lo son en la actualidad y lo han sido en todos los tiempos, porque no existen fundamentos para especular sobre lo contrario.
            Un dato interesante y digno de mención es que muchos de los procesados por sodomía eran hombres casados, que llevaban una vida heterosexual dentro del matrimonio normalizado y sacralizado por la Iglesia, sin al parecer mayores problemas personales o de convivencia que otros. Entre ellos podemos distinguir a algunos personajes que accedían al matrimonio con el fin de ocultar su orientación sexual, como una estrategia que casi siempre funcionaba para "tapar la falta", como se decía antaño, pues el acoso al que estaban sometidos los homosexuales era patente. Así que era mejor disimular en lo posible y sobrevivir en aquel mundo de ficción, que para los creyentes podría asemejarse a un impío valle de lágrimas.
            Lo que no podemos dejar pasar por alto es que, a pesar de las prohibiciones y la persecución, existía la posibilidad de pecar y en algunos incluso ser promiscuo, lo cual es llamativo. Esto era posible porque dentro de ciertos márgenes de discreción era factible consumar el acto de sodomía con algunos camaradas, amigos, frailes y pajes, con compañeros de viaje, amantes ocasionales y profesionales del placer. Pese al peligro que suponía, siempre hubo algunos hombres dispuestos a que otros se satisficieran consumando un acto pecaminoso que les podría llevar, de saberse, a las puertas del infierno.
            Esa facilidad para pecar entre hombres, y la existencia de un deseo casi irrefrenable de hacerlo para algunos, es lo que hizo que se fueran olvidando paulatinamente las leyes no escritas de la discreción. Al poder realizarse en secreto los actos prohibidos, sin importunación inmediata ni castigo posterior, estos se fueron reiterando en la vida complicada de los hombres modernos, y esa relajación de las maneras fue lo que en última instancia les condujo a la sospecha ajena. Después intervendrían los intereses inconfesables de vecinos y conocidos, quienes atraerían con su curiosidad a los representantes del poder, a los familiares del Santo Oficio y a otras fuerzas que hoy llamaríamos represoras de la libertad individual, sin olvidar que la delación artera también contribuyó a saldar algunas deudas patrimoniales y no pocas venganzas personales. Pero lo más relevante de todo ello es que la existencia de esa facilidad para caer en el peor de los pecados conocidos entonces, fue la circunstancia que llevaría a los sodomitas a la perdición y ante los tribunales civiles y eclesiásticos.
            Precisamente interesa resaltar ahora, sobre todo, los acontecimientos y situaciones personales por los que algunos de estos individuos fueron considerados como el punto más bajo de la estructura social de su época, ya que en muchos casos esas condiciones son las que les llevaron a un final dramático consumado con la muerte en la hoguera. Sin olvidar que estos hombres, todavía hoy, no han dejado de ser percibidos por la mayoría de la sociedad española como los grandes perdedores de la Historia.
            Pero no solo la Inquisición luchó denodadamente por descabalgar a los jinetes de la heterodoxia, también la justicia real castigaba a los delincuentes acusados de practicar el pecado nefando. En algunos ámbitos la persecución era más dura, pero dependía mucho de quien ostentaba la autoridad para que la misma fuese más o menos efectiva. Algunos ambientes siempre fueron más proclives que otros para el contacto homosexual: allí donde la convivencia entre hombres era habitual, como sucedía en el ejército o en los barcos, estas situaciones se daban con mayor facilidad. No por ello dejaron de perseguirse y castigarse con todas las fuerzas, pero igualmente es verdad que la dureza del castigo dependía en gran parte de quien era el responsable de ordenarlo.

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            • #7
              Respuesta: La Inquisición. De Ayer y de Hoy.

              Master, un pedido

              Mandá cada tanto algún enter para que sea màs fácil seguirlo.

              O dame el número de un buen oculista...

              Comentario

              Trabajando...
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