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Sexteto... Ojo, música.

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  • Sexteto... Ojo, música.

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    Para quienes no lo sepan, un Sexteto, grupo instrumentista de música porteña, cumplió 40 años de su fundación (disculpen que sea un tanto críptico, pero no quiero transgredir normas que puedan anular mi comentario), y celebró este acontecimiento presentándose en un teatro de la ciudad.

    Realmente es un buen conjunto, de esos que hacen que la música confunda nuestros sentidos, que podamos ver los sonidos, oír los aromas, percibir el sabor de los compases, y que la música nos acaricie la piel con la sutil cadencia de un solo que se introduzca en nuestros poros, o de un estruendo armonioso en el que todos los instrumentos se conjuguen en uno, que el sexteto sea él mismo un solo y único instrumento, que la fuerza de su sonido, de su melodía, nos pegue en el medio del pecho y atraviese nuestro cuerpo, el cuerpo de cada uno de los cientos de oyentes que valoraramos esa concatenación mágica de sonidos y silencios que es la música.

    Me emocioné, por momentos hasta las lágrimas, y no soy de lágrima fácil. De cuando en vez, observaba el entorno del teatro lleno; gente joven, de 20 a 30 años, adultos con un poco más, y gente de la tercera edad (presente!!!) con todos los años; todos ellos, todos nosotros, mezclados anónimamente en la penumbra de un teatro lleno.

    Y en el escenario los seis músicos, los únicos que podía ver de frente: dos de ellos, violinistas, de más de 80 años, seguro más viejos que sus propios violines y quienes solo me despertaban ternura "abuelil", aunque otro gallo hubiese cantado 40 años atrás, yo de 20 y ellos de poco más de 40…

    (SIII… cambié el foco del relato, a ver si piensan que por sensible, soy “maricón”… Una cosa es puto, otra maricón.. no todos los putos somos maricones, ni todos los maricones son putos… aunque esta conjunción es difícil de encontrar, y no todos los “sensibles” son putos o maricones).

    De los seis, ya comenté (muy respetuosamente… aunque no tanto), sobre la apetencia viscerohormonal que podrían despertarme dos… quedan cuatro.


    Semicalvos de anteojos y barba, me dan psicoanalista más que pianistas, y como internalicé muy bien ciertos códigos, no es sano fantasear con psicoanálisis, sábanas y caricias, pero que quede claro que no descartaría un “toco y me voy”, y tocar no precisamente el piano.

    Otra cosa que me deserotiza bastante es la barba cana; he sacado de mi boca, sin mayores remilgos, pelos de alguna parte del cuerpo (a veces ignota), pero me da cosa que ese pelo sea de la barba, no sé bien porque. Una vez lo comenté a mi psicoanalista, pero a él le pareció prudente tratarlo en otro momento y pidió que siguiera chupando. Así que el contrabajista lo dejaría como dosis de rescate luego de un período de abstinencia…

    Los directores de orquesta, algunos, me dan como muy dominantes, y eso mucho no me va, más me agrada el “te gusta así” a el “lo hacemos así…”, y como directores está en su naturaleza controlar el todo, muchas veces se pierden lo mejor… y sí, soy un tanto prejuicioso (bien se podría cambiar “tanto” por “tonto”).

    Y queda el último integrante, hermoso Adonis, pinta de frágil y no se por qué se me ocurre lampiño, de 30 a 35 años, el único que estaba desnudo… perdón, el único al que me imaginaba desnudo cuando se incorporaba para agradecer los más que bien ganados aplausos, dejando sus instrumento (me refiero al acordeón) a un costado, instrumento del que envidiaba su suerte al estar sobre el regazo del intérprete, rozando, ahora sí, su otro instrumento, que imagino apetitoso como todo él.

    En los primeros 15 minutos relojeé a todos y cada uno de los seis maestros, el resto de la hora y 45 minutos solo a él, llegando al colmo de excitarme cuando se concentraba casi inmóvil y con los ojos cerrados, como meditando cada compás de la interpretación; en ese momento hubiese querido saltar al escenario y besarlo profundamente, como paso previo a irnos de la mano hacia un lugar más íntimo y sin tanto barullo (perdón, a veces el puto domina al melómano).

    Y mientras tanto, mientras todos esos ratones se alborotaban en mi cabeza (tratando de no hacer mucho escándalo), todo mi ser, el que se quería acostar con el bandoneonista, el que veía venir con luces, aromas, sabores y sedas cada una de las notas musicales, disfrutaba en soledad, rodeado de ciento de personas, del espectáculo, de esa obra maestra única e irrepetible que se da habitualmente en los teatros, que en este caso, fue la celebración de los 40 años del sexteto…

    Muchos estoy seguro saben de qué sexteto me refiero, otros seguramente no tienen ni idea; para los primeros, sí, ese sexteto; para los segundos, esperen 40 años más y estén atentos a las publicidades de los teatros, que 40 años no es nada, es como el último compás inconcluso de un tango…
    Editado por última vez por dardo1530; http://www.escortsxp.com/foro/member/213742-dardo1530 en 06/23/13, 03:37:10. Razón: alguna corrección.
    Yo, Dardo.

    "... DE NADA ME QUEJO,
    DE NADA ME PRIVÉ..."

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