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    Videla: "Mi relación con la Iglesia fue excelente, mantuvimos una relación muy cordial, sincera y abierta"

    Durante un extenso reportaje publicado por la revista española Cambio 16, el dictador argentino, Jorge Rafael Videla, actualmente procesado por el robo sistemático de bebés y condenado ya a dos cadenas perpetuas por crímenes de lesa humanidad, afirmó que "la Iglesia cumplió con su deber, fue prudente, y dijo lo que le correspondía decir sin que nos creara a nosotros problemas inesperados".
    [Ante la pregunta del periodista Ricardo Angoso, quien firma la nota, acerca de la situación imperante en 1976, año del golpe civíco militar más sangriento de la historia argentina, el dictador señala el indulto otorgado por el gobierno democrático de Héctor Cámpora en 1973 a los presos políticos como "el comienzo del caos y del terror". Luego de recordar el enfrentamiento de los sectores más radicalizados del peronismo con el propio Juan Domingo Perón, quien en septiembre de 1973 gana las primeras elecciones sin proscipciones desde 1955, año de su derrocamiento, y el asesinato del secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, atribuido a la organización peronista Montoneros, Videla recuerda la creación de la Triple A, la Alianza Anticomunista Argentina, un grupo paramilitar que actuó bajo las órdenes del entonces ministro de Bienestar Social, José López Rega, "que no siempre se atienen a la legalidad", aunque "de esa manera, se van dando los primeros pasos y se pone orden en el país". Según Videla, la viuda de Perón, María Estela Masrtínez, quien lo sucede en la presidencia a partir del 1 de julio de 1974, "no estaba preparada para ser presidente y mucho menos en las circunstancias en las que estaba viviendo el país. (...) Se necesitaba carácter, conocimiento, capacidad para tomar decisiones y prestigio, rasgos de los que carecía totalmente esta señora. (...) Era una buena alumna de Perón, eso sí, ya que desde el punto de vista ideológico se situaba en la extrema derecha del peronismo y el marxismo le provoca un rechazo total. (...) Pero le faltaban fuerzas y conocimientos para llevar a cabo el combate, la lucha, y poner orden. Incluso para poner coto a las actividades de López Rega, que mataba por razones ideológicas pero que también lo hacía por otras razones para cobrarse algunas cuentas pendientes".
    "A finales de agosto de 1975 soy nombrado Comandante en Jefe del Ejército Argentino -continúa el dictador-. Con el acuerdo de las otras dos fuerzas militares, la Armada y la Fuerza Aérea, yo expuse algunos lineamientos para hacer frente a la amenaza terrorista que padecíamos (...) y expuse cuatro cursos de acción. El presidente provisional, Italo Luder, eligió el cuarto curso de acción, que era el más riesgoso, en cuanto que confería más libertad de acción, pero que garantizaba en no más de un año y medio que el terrorismo sería derrotado. (...) A partir de ese momento, de hecho y de derecho, el país entra en una guerra, pues no salimos como Fuerzas Armadas a cazar pajaritos, sino a combatir al terrorismo y a los subversivos. Estamos preparados, como militares, para matar o morir, estábamos en una guerra ante un enemigo implacable, aunque no mediara una agresión formal, estábamos en una lucha. Así, a principios de octubre de ese año, entramos en una guerra de una forma clara."
    "Llegamos así -prosigue Videla-, ya en plena lucha contra el terrorismo, al mes de marzo de 1976, en donde padecemos una situación alarmante desde el punto de vista social, político y económico. (...) El máximo líder del radicalismo, Ricardo Balbín, que era un hombre de bien, 42 días antes del pronunciamiento militar del 24 de marzo, se me acercó para preguntarme si estábamos dispuestos a dar el golpe, ya que consideraba que la situación no daba para más y el momento era de un deterioro total en todos los ámbitos de la vida. '¿Van a dar el golpe o no?', me preguntaba Balbín, lo cual para un jefe del Ejército resultaba toda una invitación a llevar a cabo la acción que suponía un quiebre en el orden institucional. (...) Los radicales apoyaron el Golpe, estaban con nosotros, como casi todo el país. Luego algunos dirigentes radicales, como Alfonsín, lo han negado."
    "Había un sentir general, que representaba Ricardo Balbín y otros dirigentes, en favor del cambio, de la intervención. La gente nos demandaba que interviniéramos e incluso Balbín llegó a decir en esos momentos que tenía las manos vacías de soluciones, que la clase política no podía hacer más. (...) En Argentina de una forma natural siempre se ha creído que las soluciones políticas cuando los gobiernos fracasaban se arreglaban con golpes de Estado. (...) Hacía falta una medida de fuerza y la gente compartía esa visión. Si nosotros no lo hacíamos, el vacío de poder iba a ser aprovechado por la subversión para llegar al poder y ocupar todo el espacio dejado por otros. Así de sencillo. O tomábamos el poder o la subversión se hacía por la vía de las armas con las instituciones. Teníamos planes, métodos para el combate al terrorismo, podíamos hacerles frente y así lo hicimos."
    En otro tramo de la entrevista, el dictador afirmó que la comunidad internacional reaccionó de manera "favorable, totalmente favorable. Así como después mostró desconocer la realidad argentina y hacer una asociación errónea de los hechos, especialmente lo que fue la comunidad de países europeos, que veía en la dictadura argentina, o en su forma de autoritarismo, una suerte de conexión con lo que fue el fascismo y el nazismo. Nos querían medir con esa vara y nosotros no teníamos nada que ver con todo eso, por supuesto".
    Luego de recordar que en 1978 "tuvimos la suerte de organizar el Mundial de Fútbol que, además, para congratularnos más, Argentina ganó", reconoció que "la Iglesia cumplió con su deber, fue prudente, y dijo lo que le correspondía decir sin que nos creara a nosotros problemas inesperados. En más de una oportunidad se hicieron públicos documentos episcopales en donde, a juicio de la Iglesia, se condenaban algunos excesos que se podían estar cometiendo en la guerra contra la subversión, advirtiendo de que se corrigieran y se pusiera fin a esos supuestos hechos. Se puso en evidencia de que se debía concluir con esos excesos y punto, pero sin romper relaciones y sin exhibir un carácter violento, sino todo lo contrario. No rompió relaciones, sino que nos emplazó a concluir con esos hechos. Expresó lo que consideraba que no se estaba haciendo bien, porque podía corresponder a su terreno, pero no fue a más. Mi relación con la Iglesia fue excelente, mantuvimos una relación muy cordial, sincera y abierta. No olvide que incluso teníamos a los capellanes castrenses asistiéndonos y nunca se rompió esta relación de colaboración y amistad. El presidente de la Conferencia Episcopal, Cardenal Primatesta, a quien yo había conocido tiempo atrás en Córdoba, tenía fama de progresista, o sea proclive a la izquierda de entonces, pero cuando ocupó su cargo y yo era presidente del país teníamos una relación impecable. Y debe reconocer que llegamos a ser amigos y en el problema del conflicto, de la guerra, también tuvimos grandes coincidencias. La Iglesia argentina en general, y por suerte, no se dejó llevar por esa tendencia izquierdista y tercermundista, politizada claramente a favor de un bando, de otras iglesias del continente, que sí cayeron en ese juego. No faltó que algún miembro de esa Iglesia argentina entrara en ese juego pero eran una minoría no representativa con respecto al resto", concluyó.


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    Saludos y a sus gratas órdenes
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