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La lucha cotidiana (algo de humor)

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  • La lucha cotidiana (algo de humor)

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    Todos los días convivimos con elementos cotidianos que conforman nuestro entorno. Nos acompañan, nos ayudan, hacen nuestra vida supuestamente más confortable o al menos más agradable. Pero a veces, aparece alguno de ellos que se niega a cumplir dócilmente su función y de alguna forma nos lo hace notar.

    En los siguientes posts relataré distintas experiencias personales con estos “elementos rebeldes”. Son todas verídicas. Bueno, convengamos que las he salpimentado con un poco de mi humor personal. :thumbup1:Pero, créanme, que todas ellas de una u otra forma han sucedido.

    Si han tenido alguna experiencia similar, sería bueno compartirla para que los defensores de la humanidad podamos continuar con éxito nuestra lucha cotidiana. La única condición: lo deben hacer con humor, de lo contrario, ni se gasten en seguir leyendo y mucho menos en escribir.

  • #2
    Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

    EL BIDET VIOLADOR

    Me tocó vivir en un edificio de departamentos cuya cañería de agua estaba presurizada por bombas. Abrías una canilla y luego de un ratito, las bombas arrancaban y salía el agua con más fuerza. Esto me pareció una buena idea hasta que conocí el monstruo que se agazapaba en el baño.

    Totalmente desprevenido me senté en el bidet, moví la palanca para que abriera la ducha, y todo bien…hasta que de golpe incrementó la presión. El chorro del bidet suave y amable sufrió una transformación. Se convirtió en un émbolo poderoso y caliente, casi una maza, que me penetró sin permiso hasta la altura de los ojos. Imaginen la sorpresa. Nada de franela previa o dilatación dedo a dedo. Una brutal violación. De un salto caí de nariz en el lavatorio. El agua llegaba hasta el cielorraso del baño y llovía más que en la selva subtropical. A los manotazos logré cerrar la válvula quedando todo empapado.

    Como no tenía opción, intenté usarlo con más cautela las siguientes veces. Abría despacio la válvula, pero el agua apenas si rozaba mis nalgas. Otro poco más, y nada. Otro poco más… y aparecía la poderosa erección de bidet macho a la que no podía oponerme ni frunciéndome con todas las fuerzas de mis dientes apretados. Le pregunté a un vecino de departamento si a él le pasaba lo mismo con el suyo. Me lo negó. Siempre me quedó la duda si lo hacía porque el suyo era un bidet normal o por la vergüenza de un hetero a reconocer haber sufrido una penetración anal. Evidentemente, mi bidet tenía una vocación de violador.

    Con el tiempo me mudé a otro lado, donde había un bidet completamente domesticado y sin ambiciones sexuales… o tal vez, a este nuevo bidet, yo no le resultaba tan apetecible. Lo cierto es que debo reconocer que mientras escribo esto, me da un poco de nostalgia y a veces hasta lo extraño.

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    • #3
      Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

      EL JABÓN SUICIDA

      Esta fue una experiencia que me colmó de impotencia. Veía lo que sucedía y no podía evitar el futuro desastre.

      La jabonera del baño era del tipo bandeja adosada a la pared al lado del lavatorio. Por esas cosas inexplicables de la albañilería había sido instalada algo más alto de lo normal. Tal vez, fue esto lo que llevó a encontrarme con un jabón suicida. Sí, así como lo leen. Tal vez fue la altura, el vértigo o el sentirse diariamente manoseado por cualquiera. No sé en realidad que despertó en este pobre jabón la tendencia a saltar desde la jabonera al piso.

      La primera vez, lo encontré entre el inodoro y el bidet y había perdido un pequeño extremo por el impacto con el suelo. Por supuesto se imaginan que pensé que yo lo había dejado mal puesto… ¡uno está tan dormido a la mañana!
      Pero no pasó mucho tiempo hasta que descubriera la verdadera voluntad autodestructiva de este jabón. En varias oportunidades lo volví a encontrar en el suelo luego de sus saltos desde la terrible altura de la jabonera. Cada oportunidad lo hacía con más éxito y perdía un trozo mayor de su cuerpo golpeado.

      Un amigo me prestó un nivel de burbuja para nivelar la jabonera. Lo cambié a la jabonera del toilette. Lo dejé sobre el lavatorio para que estuviera más bajo y nada. Todas las veces se las ingeniaba para saltar tras la búsqueda de su destino trágico contra el piso.
      Finalmente, una noche mientras cocinaba algo para la cena sentí el golpe terrible y mortal. Corriendo fui hasta el baño y allí estaba. Destrozado, en mil partes, desparramado por todo el piso de dura cerámica. Ese fue su fin. Envolví sus restos respetuosamente en papel de diario y lo amortajé con la bolsa de mi hipermercado favorito. Cuando esa noche el cortejo fúnebre de los basureros lo llevaba rumbo a su tumba final sentí una mezcla de pena con rabia por no haber sido capaz de evitar lo que, hoy sé, era inevitable.

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      • #4
        Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

        LA GUERRA DE LAS HORMIGAS

        Esto sucedió cuando vivía en una casa con jardín. Cuidaba el pasto y arreglaba los canteros. Era todo tan frondoso que por un extraño desequilibrio ecológico las hormigas empezaron a sobre poblarlo. Primero un hormiguero, luego otro y otro más. Fue entonces que decidí erradicarlas. Cual padre de Mafalda, busqué un polvo antihormigas apto para jardín y lo espolvoreé en los hormigueros. El éxito inicial se debió al factor sorpresa. Pero rápidamente se reorganizaron. Mudaron los hormigueros a otros sectores. Así se desató la guerra.

        Cada ataque mío provocaba un contrataque en otros sectores del jardín e incluso en la casa. Grupos comandos hicieron incursiones en la cocina para llevarse el azúcar y las mermeladas, arremetieron contra el algodón de las camisetas de mi placar dejándolas agujereadas peor que una epidemia de polillas e incluso tuve que tirar varios rollos de papel higiénico que estaban estibados en el vanitoris del baño. Por mi parte ataqué con una pala abriendo los hormigueros y echando Raid directamente sobre los huevos de las larvas transformando el bucólico jardín en un campo minado.

        Finalmente, luego de más de un año de salvajes acciones bélicas mutuas decidí acordar una tregua con la hormiga reina. Le permitiría algunos espacios del jardín a condición que su reproducción fuera controlada.

        Abandonaron el 75% de los hormigueros y les respeté el más grande que estaba en el fondo. Trazamos la línea de Tordesillas. Las que pasaran para adelante eran hormigas muertas. Firmado con una gota de mi sudor y algo de ácido fórmico por parte de ella el pacto se respetó por varios años y pudimos convivir en paz.

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        • #5
          Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

          :045::045::045::045::045::045: Buenisimo:011:

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          • #6
            Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

            Originalmente publicado por Tulipán Ver Mensaje
            :045::045::045::045::045::045: Buenisimo:011:
            Gracias Tuli!. Sabía que vos eras uno de los que podías apreciar este tipo de escritos.

            Ahora pego otras dos xp más.

            Comentario


            • #7
              Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

              LA CERRADURA CARCELERA

              Por esas cosas de la inseguridad un día decidí agregar una cerradura nueva a mi casa. Jamás imaginé el calvario al que me iba a someter. La nueva cerradura había visto muchas películas de cárceles y había asumido su rol de penitenciario. Me permitía entrar a la casa pero, luego de cerrada, no me permitía salir. Era una típica cerradura carcelera.

              Las primeras veces, mediante argucias y habilidad manual, logré convencerla de franquearme el paso. Pero su vocación iba empeorando mientras desarrollaba más su capacidad de encerrar. El placer de no permitir el paso se agigantaba mes tras mes.

              Llevé las llaves al cerrajero para que las adaptara suponiendo que eso era lo que pasaba. Luego de hacerlo 75 veces en dos meses, el cerrajero ponía un cartel en la puerta que decía “En este momento no estoy, vuelva más tarde” cada vez que su hija, apostada de campana en la esquina, le avisaba que me acercaba al negocio.

              Una mañana el despertador no sonó, me quedé dormido y llegaba tarde al trabajo. Apurado, intento salir, pero esta vez la cerradura había logrado su total cometido de no permitirme salir. Desesperado fuerzo la llave, pero la muy malvada la agarró con toda su fuerza desde adentro en un misterioso cuarto de vuelta. Mi desesperación aumentaba. Era imprescindible llegar ese día a mi trabajo temprano y mi jefe difícilmente me aceptaría la excusa. Por piedad le pedí por teléfono al cerrajero que viniera en mi rescate. Lo hizo con la sola condición que le jurara que iba a cambiar la cerradura. Comprenderán que mi situación no daba para otra cosa: o encarcelado o cedía a la sádica extorsión del cerrajero. Acepté. Vino con un taladro y les juro que los gritos agudos que pegaba la cerradura acompañados de espasmos que sacudían todas las ventanas de la casa no eran para estómagos delicados. Como recuerdo de la matanza quedaron los arañazos en la puerta.

              Finalmente la cerradura carcelera fue remplazada por otra usada que había trabajado antes en la puerta de una habitación de un prostíbulo, por lo que estaba siempre abierta.

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              • #8
                Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

                EL PLACAR VENGADOR

                La mafia tiene por costumbre que, cuando decide matar a alguien, no sólo elimina a su víctima sino a toda su familia para que no quede nadie que pueda vengarse. Les aseguro que lo que me pasó me hizo pensar que tal vez no estaban equivocados.

                Durante un tiempo mis placares funcionaron bien. No sé quién fue el soplón, tal vez fue alguna hormiga testigo del cruel asesinato de la cerradura carcelera. El hecho es que alguien se lo contó a uno de mis placares, que resultó ser primo de la cerradura carcelera.

                El asunto es que decidió tomar venganza. La puerta corrediza se cerraba sin problemas, pero no podía abrirse. De esa manera se iba adueñando de mis pertenencias. Las podía guardar pero no las podía sacar más. Cada vez que decidía guardar algo la puerta abría y cerraba sin problemas. Pero bastaba que quisiera sacar algo para que la puerta se agarrara del marco por todos sus costados y no había manera de abrirla.

                Al principio no me preocupaba mucho. Ni siquiera había caído en la cuenta de su comportamiento por lo que no me cuidaba. Pero la mañana que me quedé sin calzoncillos para vestirme y sólo un pantalón de invierno, la revelación fue como un relámpago en mi cabeza. La venganza se había materializado tan sutilmente que me tenía en su poder. Mientras estaba en la oficina, mi trasero, paspado por 10 horas de contacto promiscuo con el pantalón de sarga durante el día más caluroso del verano, me sugirió la idea final. No había espacio para la duda.

                De regreso a casa tomé el hacha y cumplí con el mandato mafioso y eliminé al pariente también. Se consumió sin testigos en el fuego de un asado al domingo siguiente.

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                • #9
                  Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

                  :045:

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                  • #10
                    Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

                    Uhh, ya os narraré algunos de mis avatares con las persianas. Sólo espero que mi relato tenga la cuota de humor exigida... (cosa que va a costar, ya que más de un dolor de cabeza y un "dolor de bolsillo" me ha costao, jeje)

                    Comentario


                    • #11
                      Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

                      Originalmente publicado por White Shark Ver Mensaje
                      :045:
                      Gracias WS... otro del que esperaba la debida comprensión.

                      Y me quedan varios más que contar!:011:

                      Comentario


                      • #12
                        Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

                        Originalmente publicado por expedizion78 Ver Mensaje
                        Uhh, ya os narraré algunos de mis avatares con las persianas. Sólo espero que mi relato tenga la cuota de humor exigida... (cosa que va a costar, ya que más de un dolor de cabeza y un "dolor de bolsillo" me ha costao, jeje)
                        Dale, Xpdz78, animate. Si lográs desdramatizar el humor viene solo. Es cuestión de saber reirse de uno mismo:045:.

                        Tengo algunos que en su momento me resultaron trágicos y ahora se han convertido en humor negro, ya vas a ver.

                        Comentario


                        • #13
                          Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

                          LA OLLA DE PRESIÓN IRACUNDA

                          El paso del tiempo puede ser positivo para algunas cosas, pero no lo es para las ollas de presión. Las vuelve iracundas y, como en este caso, hasta violentas.

                          La olla sobre la que estoy escribiendo la recibí de herencia de mi madre cuando me fui a vivir solo. Para ese entonces ya tenía por lo menos 30 años de servicios con ella.

                          El primer síntoma de su carácter lo dio un día mientras hacía unas papas. De repente el chiflido subió de tono y el vapor salía con furia. Aún puesta bajo el agua fría le costó recuperar la calma. Los incidentes de esa naturaleza se hacían cada vez más frecuentes. Consultado un especialista en ollas de presión me recomendó cambiarle la válvula. La cosa funcionó bien al principio. Pero su mal carácter se hizo presente cuando en uno de sus arranques voló la válvula de seguridad. Ese día estaba cocinando para una cita en casa y debido al susto cuando liberó el vapor violentamente, se volcó la copa de tinto sobre la ropa blanca que llevaba puesta para causarme una buena impresión.

                          Los arranques se fueron intensificando hasta que un día, mientras preparaba un puchero con todas las de la ley, directamente explotó. La tapa voló hasta el techo pegándole al artefacto de luz provocando la caída del tubo fluorescente que se hizo añicos en mil pedazos. Las papas y batatas quedaron desparramadas por la mesada. El zapallo y la acelga se estamparon contra el vidrio de la ventana formando un cuadro expresionista. El osobuco ametralló las puertas de la alacena y arrojó como mortero el caracú contra la puerta de la heladera. El perro sufrió un corte en su cabeza cuando le golpeó la válvula de la tapa. Yo me esguincé cuando al entrar pisé un choclo que rodaba meteórico con rumbo desconocido. Todo esto sucedió en una niebla de vapor y agua caliente que transformó la cocina en un sauna finlandés.

                          Harto de sus arranques y considerando que este último había sobrepasado la raya, decidí regalarla. No volví a saber más de ella.

                          Comentario


                          • #14
                            Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

                            :027::027::027:

                            Comentario


                            • #15
                              Respuesta: La lucha cotidiana (algo de humor)

                              EL CALEFÓN ASESINO

                              Todos tenemos nuestros gustos con respecto a la temperatura del agua al bañarnos. Para eso maniobramos nuestro calefón o termotanque según el caso. Lo que no esperamos es que un calefón como el que tuve pierda la cordura y se empeñe en asesinarnos.

                              Nunca pude saber cuál fue la razón de su obsesión en mi contra. Lo cierto es que lo regulaba adecuadamente, pero mientras me bañaba, subía repentinamente su temperatura tratando de escaldarme como chancho en el peladero. Sus ataques se hicieron cada vez más arteros y eficaces. Después de varios intentos yo había desarrollado un rápido reflejo de corte de agua lo cual le impedía su cometido. Por eso, el muy malvado, esperaba el momento en que me enjabonaba la cabeza. Cuando el champú me impedía ver y tenía mis ojos cerrados, atacaba sin piedad. Como en esas condiciones me era imposible encontrar la canilla para cortar el agua, no me quedaba más opción que saltar fuera de la bañera. Patiné en el piso de cerámica, me partí el labio contra el borde del lavatorio y caí sobre el brazo derecho sufriendo por primera vez una quebradura. Pero debido a mis reflejos no pudo esa vez conmigo.

                              Pero lo intentó nuevamente. Una noche me despierto con un sabor amargo en la boca. Siento un olor desagradable. Prendo la luz pero no veo nada. Me levanto como puedo. Me dirijo a la cocina donde todo era humo negro y olor a dióxido de carbono. Los ojos me lloraban, pero llegué a tiempo para cortar el gas. El calefón ardía en llamas inmolándose en su propósito de matarme. El muy asesino, por poco casi lo consigue esa vez. Le vacié un matafuego completo.

                              Cuando ventilé todo el departamento, les juro que se podía ver en su rostro carbonizado la risa sádica y demente.

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                              Trabajando...
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